28.05.2008

Mata kondo, Kansai

Hoy ha sido mi último día en Kyoto, el último hasta que vuelva, claro. Dejo Kansai para marcharme unos días a Kanto y despedirme de Japón por una breve temporadita. Estos días, con mis padres, mi tía, David y Caro, he recorrido los lugares que tanto me han marcado de Kyoto y Nara una vez más: Nijo-jo, Fushimi-inari, Todai-ji, Shijo y Sanjo,...Hemos comido sushi sentados en el suelo y sin zapatos, hemos cantado en el karaoke en japonés y en inglés, hemos ido a un rastro y arrasado comprando yukatas y kimonos, hemos comido helado de té verde y mucho zarusoba...He vuelto a Uji, a donde fui en bici, y he vendido la bici en la que fui a Uji. Lo más triste ha sido despedirme de mis amigos de la residencia, pero ahora tengo no sólo miles de excusas para viajar a muchos sitios, sino que estoy invitada y pendiente de ir a Canadá el verano que viene, recogiendo a todos por el camino en coche desde Colorado. Tantas cosas han pasado! Qué maravilla haber venido! Y lo nerviosa que estaba! Y lo nerviosa que estoy por tener que irme.

Bueno Japón, al final te has ganado mi corazoncito. Pienso volver, y no sólo para quedarme un rato de turisteo.

A todos los demás, pronto nos veremos! 

17.05.2008

Último fin de semana

Parece mentira, pero ya se ha pasado la última semana de clases. Y no se ha acabado el mundo, no, sino que los días siguen pasando como si no importara nada. No me puedo creer que haya recibido ya las últimas clases de Literatura y de Ética y que ya no haya más. Voy a negarme a aceptarlo por un rato, vale?

Después de la clase de Ética ayer el profesor  Hanagan (que por si no lo recordais, es precisamente el de Ética) dio un concierto de jazz junto a otro profesor y un alumno japonés. Hanagan toca el piano, muy bien la verdad sea dicha, el otro profesor la batería y el chico japonés, el violonchelo. Estuvo genial, sobre todo cuando tocaron Garota de Ipanema. ¡Cómo me gusta esa canción! Tanto que luego, cuando después del concierto fui con David, Quill, Aurora y Caro al karaoke, la canté. Yo estaba toda ilusionada porque creí que la había encontrado en portugués cuando resultó ser una versión a medias en portugués y a medias en inglés...bueno, eso mejor que nada. 

Seguramente haya sido la última vez que haya ido a un karaoke en Japón. Como tantas otras cosas! La última (¿?) que haya tomado un pan de manzana y nueces en la panadería del supermercado Keihan de Hirakata station, la última vez que nos hayamos perdido entre Hirakata y Gotenyama para llegar a la residencia...

Mejor me dejo de enumerar las ultimidades de la vida, que son muchas, y me pongo a contar lo nuevo que voy a hacer este fin de semana: volver a Osaka que siglos que no voy, a Shinsaibashi, Namba y Nipponbashi, y lo mejor de todo, a comer sashimi en Kyobashi.^^

Eso, mañana. Hoy a ver si termino mi dichoso trabajo de literatura que poco me falta. Al final el de Ética tuvo 18 páginas! Claro que con muchos poemas en medio.

Ala, besos. 

10.05.2008

Tantei

El otro día andaba yo navegando por internet cuando me paré en este interesante blog que mencionaba la existencia de un bar llamado "Tantei", es decir, "Detective" en japonés. Por la descripción del bar (decorado como en las películas y novelas de las que el dueño es un gran admirador, con su sala secreta y tal), no podía resistirme a la tentación de ir. Así como ayer viernes no tuve la clase de ética con Hanagan, ya que al parecer tenía cosas que hacer en Tokyo, una conferencia o algo semejante quizá, se presentó como el día perfecto para comer zarusoba en la cafetería de la facultad (ahora que ya hace tiempo de verano la han vuelto a poner), e ir a Kyoto. Tantei no fue difícil de encontrar, pero por el camino nos encontramos otras cosas dignas de mencionar: la primera sala de juegos y arcades que veo en Japón no insertada en un centro comercial, y sobre todo, la primera con DDR!! Parece que ya no está de moda. Había un japonés bailando, y no lo hacía nada nada mal. Luego David y yo entramos en un supermercado a ojear, ya que llegamos demasiado pronto y el bar aún estaba cerrado. En el super había unos cuarenta pequeños parquetes de kitkat sabor sakura, una tabletita con cuatro onzas cada uno. La cuestión es que están ya fuera de temporada, no se ven en las tiendas y es la primera vez desde que se acabó la estación de los cerezos que los vemos a la venta. La oportunidad era única, así que David cogió una caja de diez paquetes, aún cerrada, y la llevó al cajero. Pero para nuestra sorpresa, cuando la chica pasó los kitkat por caja, el precio que marcaba era, nada más ni nada menos, 118 yenes!! Eso es lo que debía de valer uno de los paquetitos que iban dentro, pero parece que el codigo de barras de la caja es el mismo que el de cada paquete, porque sino no tiene explicación. Nosotros le volvimos a preguntar: "¿cuánto es?", y ella volvió a pasar los kitkat por la caja, pero como el precio que marcaba era el mismo, no había discusión. Así que nos llevamos 10 paquetes de kitkat tiraos de precio. 

Al salir del super ya estaba por fin Tantei abierto. Éramos los primeros clientes. Nos sirvieron un plato con frutos secos, un poco de queso ahumado y pasas, y pedimos un "Tantei cóctail", cuya receta, según el menú es "secreta". Estuvimos hablando un rato con el barman, que resultó ser un estudiante extranjero como nostros, de Taiwan. Al haber pedido el Tantei cóctail, tuvimos derecho a conocer el secreto de la sala escondida que hay en el bar. En la parte de atrás, hay unos pósters, discos, un equipo de música y una estatenría llena de libros. Teníamos que adivinar cómo abrir la "puerta" de la sala secreta: aunque no lo logramos, en realidad era muy fácil, pero no lo diré aquí no vaya a ser que algún día os paseis por este bar en Kyoto. La sala secreta es una sala de proyecciones, con varias sillas y una pantalla. No es demasiado grande, no creo que haya sillas para más de diez personas, pero tiene además una tubería que conecta con la barra, para comunicar pedidos desde dentro de la sala, me imagino, y en ella hay también uno de estos antiquísimos teléfonos con ruedita en lugar de teclas.

Lo cierto es que los bares en Japón están siempre muy bien decorados y ambientados. Aunque el café sea malo normalmente, siempre quiero entrar a probar, pues si las bebidas y la comida fuera tan buena como la decoración, deberían ser geniales. Normalmente no es así, pero de todas maneras me gustan. Y en algunos sitios, el café se salva y todo^^ 

 

06.05.2008

Golden Week

Al final esta Golden Week he estado trabajando más que cuando tengo clases. Tras la decepción de no poder ir a Kyushu, y como pillé un pequeño resfriado-alergia por culpa del cambio del tiempo (hace un calor de verano verano), decidí darme una Golden Week tranquilucha y pacífica. Además, la semana de los exámenes finales se acerca y cada vez tengo más trabajo pendiente. Aún así, lo único que he estado haciendo hasta ahora es mi trabajo para Literatura, que tras cambiar cuarenta y dos veces de tema, al final voy a hablar de la estructura de búsqueda y de la bajada al Otromundo de Toru en The Wind-up Bird Chronicle de Murakami Haruki, cuando en realidad yo de lo que quería hablar era de la imagen de Tokyo en los libros que he leído hasta ahora. Sin embargo, al profesor le parece que es un tema muy interesante y muy complejo y que seguramente no tenga tiempo para analizar en la profundidad necesaria, así que me recomendó unos libros para leer acerca de Tokyo y me dijo amablemente que hiciera el trabajo de otra cosa.

Aunque algunos de vosotros lectores (en su mayoría desconocidos para mí, ya que aquí nadie comenta ¬¬) ya habeis oído esto que voy a comentar a continuación, para otros son novedades. Resulta que a principios de abril fui a hablar con mi profe de Literatura, Berry, sobre mi completa falta de ideas acerca de qué escribir mi trabajo final para si asignatura cuando, tras unas recomendaciones e ideas, me comentó que mi primer trabajo le había encantado y que quería felicitarme personalmente. Luego me preguntó que qué tenía pensado hacer cuando volviese a España, que si me había planteado ir continuar estudiando después de licenciarme. Dije que sí, pero que para eso aún me quedaba tiempo porque aún tenía mucho que estudiar cuando volviese a Salamanca, y que estaba interesada en estudiar un máster en Estados Unidos. Entonces, muy majo, me dijo que estaba seguro de que me iría estupendamente en una escuela de posgrado, que debería seguir estudiando y que estaría encantado de escribirme cartas de recomendación y ayudarme en los procesos de solicitud de becas y de aceptación en universidades estadounidenses, ya que él, como estadounidense, estaba seguro de poder ayudarme a conseguir plaza en cualquier sitio. ¡Una pasada, un profesor que apenas conozco ofreciéndose a ayudarme a estudiar en USA y a escribirme cartas de recomendación! Sin importar que aún me queden uno o dos años más en España, simplemente tengo que mandarle un mail con un título bien claro para que no se lo salte y se lee lo que le mande. No sólo eso, sino que además está dispuesto a leerse mis ensayos antes de enviarlos como muestra de mi trabajo -pues es algo que piden mucho antes de aceptar a nadie- y también mi carta de presentación y de objetivos educativos que hay que enviar para la gran mayoría de las universidades. También para la Fullbright, una famosa beca para ir a estudiar a Estados Unidos (o a dar clase), en la que hay que escribir varios ensayos y cartas para que te acepten. De hecho, resulta que formó parte durante unos años del comité que acepta solicitudes de la Fullbright, asi que sabe perfectamente cómo hay que escribir y hacer esas cosas. Y la cosa no acaba aquí. En una segunda visita a su tutoría para comentar mi segundo trabajo y seguir hablando del final, me preguntó que si tenía pensado volver a Japón, que debería. Que había unas becas fantásticas, las Monbukagakusho, que él ya había ayudado a conseguir a algunos alumnos y que le gustaría ayudarme a conseguir una para volver a Japón a estudiar. ¡Increíble, yo no tuve que pedir nada! Es la primera vez que un profesor se ofrece tan amablemente a ayudarme a seguir estudiando. Ya emepezó a darme algún consejo, como que no mirase lo de las becas lo último, que empezase a pensar en qué podía escribir en mi carta de presentación y qué podría poner cómo mis objetivos educativos, qué debería empezar a mirarme la forma de publicar cosas y escribir muchos artículos para tener muchos más puntos a la hora de presentar mi solicitud a una universidad estaodunidense, etc. Ya había estado pensando en eso, pero de todas maneras, si antes quería a toda costa estudiar en USA, ahora parece que lo voy a tener mucho más fácil para conseguirlo.

Pero ahora hablemos de la Golden Week. Esta semana ha habido una feria del libro (y otras cosas) antiguo en Kyoto, durante cinco días. Fui dos, el día de apertura, el jueves después de clase, y el domingo. Además de libros antiguos y no tan antiguos, pero de segunda mano, tenían revistas, manga, postales, sellos, mapas, posters de películas, papel japonés, dibujos,...Lo cierto es que la sala no era enorme, pero pequeña tampoco, y no creo que la viera entera, simplemente, no daba tiempo. Compré varias postales, un libro sobre jardines en Kyoto y otro con fotos antiguas de Kyoto, uno sobre la historia de Tokyo y una cortita novela detectivesca de Edogawa Ranpo. Ninguno de ellos fue caro, para lo que es, pero como hasta mañana no me vuelven a ingresar la JASSO no tengo tanto dinero como me gustaría para poder aprovechar la oportunidad única de la feria. De todas maneras, algo si que la aproveché. Por no comprar el primer día, me quedé sin un set de postales con imágenes de la vida diaria en Japón que para el domingo ya habían vendido, y sin un libro sobre leyendas de Kyoto que tenía muy buena pinta, pero que también me fue imposible de encontrar ya el domingo. Había cosas la mar de interesantes, como una enciclopedia de Tolkien en japonés con unos dibujos preciosos, muchos libros de arte y música, incluso unas antologías de literatura inglesa. Al menos pude comprar algo, y todavía puedo volver a Kanda o Waseda en Tokyo a principios de junio. Pero no creo que lo haga, ya tengo demasiadas cosas que enviar de vuelta a España.

¡Qué ya no me queda ni un mes en este país! >.< Que rápido pasa el tiempo. Que envidia me da Ely que aun tiene hasta Agosto en Japón. Al menos, creo que algunos de los amigos que he hecho aquí durarán, y que mis oportunidades de viajar se han multiplicado por la enésima potencia al conocer a tanta gente de lugares tan dispares. Cuando vuelva, en verano, además de una readaptación a mi cultura, tendré que hacer un balance de mi experiencia aquí. Menos mal que he hecho miles de fotos y he seguido escribiendo, un poco, en el blog, para así poder ver cuánto han cambiado mis actitudes y mi entendimiento de las cosas (no sólo de Japón) desde que llegué. Ay, cuando recuerdo lo nerviosa que estaba al venir, lo poco que dormí la noche antes, los primeros meses en Japón, mi casi depresión en el winter break, y ahora mi nostalgia precoz por irme de aquí, si es que me parece que estoy siendo soñada por alguien. Sea quien sea, espero que sigas soñando con muchos viajes.

Bueno, y ahora, a estudiar. 

02.05.2008

Showa no Hi: Yo fui a Takarazuka

Si, he ido a Takarazuka, pero no a ver a la Takarazuka Revue, la compañia de teatro formada solo por mujeres tan famosa en Japón, sino a hacer senderismo en la montañas al norte de la ciudad. Como el martes fue el cumpleaños del emperador Showa, primer festivo de la Golden Week, allí fui con David, Quill, Lee y Aurora, amigos de mi seminar house.

Salimos a las 8 y media de la residencia para llegar  Takedao Station casi dos horas después. La estación era tan tan pequeña que ni siquiera había puertas automáticas para los billetes de JR, sólo para tarjetas Suica (que funcionan como toda tarjeta, hasta que se te acaba el dinero en ellas, pudiendo usarlas en cualquier línea JR), así que nos quedamos con el billete como recuerdo.  Nada más salir ya te das de narices con el río Muko-gawa. El sendero, del que me enteré por una revista (si vais a Kansai, pillar el Kansai Time Out o leerlo en alguna cafetería, pues viene con información superinteresante de todo lo que hay en Kansai cada mes), baja siguiendo el río hacia Takarazuka, atravesando una viejísima y ya abandonada línea del tren por las montañas. Aunque hacía mucho calor, dentro de los túneles la temperatura bien bajaba diez o más grados, así que teníamos sombra cada vez que necesitabamos. Y la abundancia de árboles por todas partes, junto a la brisa del río, lo ponía aún mejor. En realidad, el tiempo fue fantástico. 

 Había bastante gente, todos japoneses eso sí, haciendo el sendero. Creo que nunca he dicho "konnichiwa" más veces en la vida, que mientras paseaba por estas montañas. Las vistas al río eran impresionantes, e incluso había dos valientes haciendo piragüismo en el mismo. A eso de la una decidimos parar para hacer un picnic con la comida que nos habíamos traído, y encontramos un sitio perfecto internándonos en la montaña y bajando hacia el río, para comer fresquitos, a la sombra, y con el sonido del agua rodeándonos.

En realidad, lo más impresionante del sendero, cómo no, está en las fotos. No hay nada que explicar, sino que disfrutar del paisaje. Japón me está sorprendiendo con la inmensa variedad de paisajes que en él se pueden encontrar. Sólo dos estaciones antes de Takedao, en Takarazuka, todo era ciudad, edificios de piedra, calles anchas, todo señales de una ciudad nueva y modernizada, y de pronto atravesamos un túnel y llegamos a pequeñas estaciones rodeadas de montañas y árboles con cuatro casas de un piso o dos en los alrededores. Tan cerca y tan lejos.  

27.04.2008

Yendo a Uji en bici.

Ayer sábado hice por fin otra de las cosas que estaba deseando hacer mientras aún estoy en Japón. esto de que me quede apenas un mes en el país me empieza a preocupar. A ver qué hago yo ahora en España sin irme a algún lado cada fin de semana, teniendo que estar encerrada en una misma ciudad tanto tiempo, sin cielos tan abiertos y posibilidades como esta que voy a contaros ahora, la de ir hasa Uji en bici.

Ya he ido anteriormente a Uji, para ver el Byodo-in, el templo que aparece en una de las caras de la moneda de 10 yenes. Está a medio camino entre Kyoto y Hirakata, teniendo que desviarse un poco hacia el sur-este, tirando a Nara.  Pero una cosa es ir en tren y otra muy distinta, en bici.

Salí con David a las 9 de la mañana de la residencia, y cómo él ya sabía el camino hasta Yawatashi, a tres estaciones de la Keihan line desde Makino, esa parte fue bastante fácil pues no teníamos que buscar por dónde tirar. Pasamos entre campos de arroz y pequeñas casas organizadas en pasillos, con puestos de frutas y verduras, pequeñas tiendecillas cerradas temprano por la mañana, y lavanderías. Ver la línea del tren desde la carretera, en lugar de las carreteras desde la línea del tren, las caras de la gente dentro del tren en lugar de la gente trabajando en los campos desde la ventana, es un cambio impactante. Tras Yawatashi, para encontrar el camino nos guiamos por el río Yodogawa, que va hasta Kyoto, el Uji-gawa, que como el nombre indica va hasta Uji, y las líneas del tren.

Para no tener demasiada idea de hacia dónde ir, sólo sabiendo que Uji está al sureste de Kyoto, y sin mapa, nos arreglamos bastante bien. Parte de la aventura era encontrar caminos equivocados y tener que dar la vuelta. Al final dimos con Kangetsukyo, la primera estación en la línea de tren que va hasta Uji, y allí paramos a comer. Kangetsukyo es un nombre que me encanta, porque está formado con los kanji de "mirar", "luna" y "puente", y claro, puede intepretarse algo así como "el puente desde el que se puede observar la luna". Lo cierto es que el pueblo está atravesado por el Uji-gawa, que seguimos río arriba hasta Uji. Pasamos por Obaku, donde fui a celebrar el Año Nuevo en su templo Zen, y por una curiosa cafetería para amantes de los perros. 

A Uji llegamos a eso de las cuatro. Cuando por fin me di cuenta de que había recorrido los aproximadamente 20 kilómetros hasta Uji con éxito, no cabía en mí de alegría. Estaba cansada, por supuesto, pero no tanto como había pensado que estaría. Dimos una vuelta por Uji buscando Shin-cha, la primera cosecha de hojas de té de la temporada, pero al parecer no se pone a la venta hasta el 12 de mayo, así que habré de volver a comprar té verde y a comer soba de té verde, que sólo la he tomado un par de veces y es una de las cosas que sólo se pueden hacer en Japón. Pero la siguiente vez, vuelvo en tren.

Encontramos una monísima cafetería anunciada con una ballena rosa, la única que tenía el café a un precio no desorbitado, y aún encima si pillabas un pastel de té verde te salía todo por 600 yenes. La cafetería, llamada Sakura, debía ser el reino y paraíso de la esposa del matrimonio dueño, pues todo era rosita y blanco, con flores (incluso del papel del baño tenía dibujos de flores de cerezo!), música ambiental y muchas cosas monísimas a la venta. Al parecer el cuento de la ballena rosa viene de una leyenda escandinava según la cual, si ves a una ballena rosa, quiere decir que la felicidad y la buena suerte van a llegar a tu vida, por loque pude leer en un cartelito que tenía colgado en la pared. Además, vendía colgantes rosas con ballenas, monederitos, incienso, toallitas con dibujos de un gato precioso, y un perro de juguete que estaba durmiendo y parecía que respiraba de verdad. No sé si estais notando el ambiente femenino que dominaba el lugar. Me pregunto cómo el marido podía ser tan encantador para dejarle a su mujer tener todo así y trabajar allí dentro. Yo estuve tres cuartos de hora dentro y creí que me iba a desmayar con tanto rosa.

Chorradas aparte, el café estaba bueno (cosa rara en Japón), y me vino de maravilla para continuar el viaje, esta vez de vuelta.

Decidimos cambiar un poco la ruta e ir por la otra orilla del Uji, para variar. Acabamos pedaleando a orillas dle río, en lugar de en una carretera que lo siguiera pero a un nivel más alto, hasta que nos encontramos con que no teníamos forma de seguir adelante sin meternos en el agua y tuvimos que subir la bici por unas escaleras y pasar un pequeño muro que nos separaba de las casas que miraban al río. De nuevo sobre el asfalto, pasamos Kangetsukyo y seguimos adelante buscando el sendero al borde del Yodogawa por el que fuimos a Uji, para evitar perdernos cuando el sol empezaba ya a ponerse. Resulta que el sendero en cuestión va desde Yawatashi hasta Arashiyama, al noroeste de Kyoto. Cenamos en Chushojima, cerca de Kangetsukyo, yal final llegamos a Makino, ya de noche, a eso de las nueve.

Al día siguiente no quise montar en bici (ais, lo que hubiera dado por uno de esos pantalones acolchaditos que usan los profesionales de la bici! Lo peor del tour de Francia no son las subidas a la montaña, sino el dolor de culo que se queda tras tantas horas en la bici!), pero por lo demás, ni siquiera tuve agujetas. Todavía no me creo que completase la "etapa", sin mayores consecuencias que una noche de profundo sueño.

Como al final en la Golden Week no podré ir a Kyushu como hubiera querido porque todos los asientos para el ferry están ya vendidos, tal vez me vaya a hacer otra aventura en bici hacia el sur, ahora hacia Nara. ¿O finalmente intentaré llegar a Kyoto? Mmm.... 

Himeji y Kisaichi

El sábado pasado por fin fui a ver el más famoso castillo de Japón. Himeji, a una hora en tren de Osaka, es el castillo japonés más grande que queda intacto. Mientras que otros, como el de Edo, fueron totalmente destruidos, o como el de Osaka, reconstruidos en cemento, el de Himeji nunca fue destruido, sino desmontado a eso de los años 50 porque uno de los pilares centrales de madera que sostiene sus cinco pisos empezaba a pudrirse por dentro. Así que tras años y años buscando un tronco de árbol lo suficientemente grande para sustituirlo (cosa que no lograron, por lo que tuvieron que fusionar dos troncos de árboles para conseguir la altura necesaria), desmontaron el castillo y lo volvieron a construir con los mismos materiales que el original. Y además, fue la primera construcción que vimos en la clase de Arquitectura el cuatrimestre pasado.

El castillo es tan grande que se ve desde el tren mientras estás acercándote a Himeji. Aunque el de Osaka es bastante impresionante al verlo desde lejos, desde la estación de JR, en los jardines que lo rodean, Himeji no se queda atrás. En cierto modo, al saber que es original, y con las dos pequeñas torres que lo flanquean, es mucho más impresionante que el de Osaka. Pero lo mejor es el diseño interior de los jardine sy diferentes niveles que llevan hasta el castillo. El castillo en cuestión no es sino una fortaleza para momentos de guerra, donde se almacenaban armas y soldados: no se vivía allí. Sería, en cambio, el último refugio en caso de sitio. Porque es prácticamente imposible de asaltar, en serio. Ya la primera puerta es una locura: desde el camino de entrada tienes que girar 270º hacia la izquierda, ir cuesta arriba, y luego volver a girar a la izquierda para estar frente a la puerta. Y esta primera puerta aún es grande, pero cada puerta es más pequeña y estrecha que la anterior, y todas están colocadas en ángulos difíciles. Los muros de cada nivel son también tan altos que no puedes ver el camino hacia el castillo, por mucho que no puedas dejar de ver el castillo todo el rato. Un auténtico laberinto. Y pesar de ello, es también un lugar muy hermoso, no sólo diseñado para la defensa, sino también con sentido estético. Himeji es uno de los lugares más famosos de Japón donde ir a disfrutar del Hanami, puesto que está lleno de cerezos, y pequeños lagos que se cubren de pétalos rosas cuando éstos empiezan a caer. Una pena que cuando fui, ya fuera al final de la estación de los cerezos. De todas formas, aún había algunos japoneses comiendo bajo los sakura, a pesar de que ya no tuvieran flor.

Por supesto, en Himeji había helado de sakura (cómo no, siendo tan famoso cómo es por los cerezos), y al fin pude probarlo. Desgraciadamente, es un sabor difícil de describir, como todos los sabores: suave y dulzón, y aunque no estaba mal, puestos a poner sabores japoneses prefiero el té verde.

El martes pasado también aproveché para viajar un poquito después de clase, pero a un lugar mucho más cercano, a Kisaichi. Este pueblecito al final de una línea que empieza en Hirakata, tiene varios parques puesto que está en la falda de unas montañas. Es un pequeño pueblo con muchos campos y casas particulares, que me recordó bastante a Galicia. Creo que hay varios senderos atravesando los montes, pero no seguí más que uno, ya que por al haber ido solo por la tarde no tenía tiempo suficiente. Sin embargo, el que seguí llevaba hasta un lago que, aunque no llegué hasta allí, bajaba desde él un pequeño río con pequeñas cascadas. Me recordó a un Nikko en miniatura. Y además, mucho más cercano. Un lugar muy tranquilo al que ir a olvidarse de la gran ciudad que Japón parece a veces.

23.04.2008

Koya-san

Hola de nuevo! En mis dos últimas entradas parezco tonta, repito casi lo mismo! Eso me pasa por tardar tanto tiempo en escribir y perder la noción de lo que ya he contado y de lo que no. Sin embargo, me consta que apenas he dicho nada acerca del Monte Koya, en japonés, Koya-san, excepto que se ha convertido en mi lugar favorito de Japón. Si habeis visto las fotos que he colgado, tal vez enténdais ya por qué digo esto.

Hace unas semanas (ya he perdido la noción de cuando), David y yo teníamos planeado ir a Kyoto en bici, pero con mala suerte coincidió que justo el viernes antes se le pinchó una rueda a David, asi que el plan quedó aplazado para este fin de semana (?), y decidimos ir el domingo a Koya-san. No es que sea uno de esos nombres superconocidos fuera de Japón o del los círculos budistas, asi como si lo es Fuji-san, pero yo llevaba queriendo ir a Koya-san desde que leí X/1999 de CLAMP, donde uno de mis personajes favoritos es un monje de Koya.Esta montaña está situada en una cordillera al norte de la prefectura de Wakayama, y en lo alto de la mismase situa el centro religioso de la escuela budista Shingon. Su fundador, el famosísimo Kobo Daishi, también llamado Kukai, es la figura del Shingon más famosa en Japón, fundó el centro monástico en Koya-san, fue el sacerdote principal de Töji en Kyoto (el templo del mercadillo donde compré el kimono, no sé si os acordareis), y es ni más ni menos el inventor del sistema de kana, el sistema silábico de escritura que sustituye (y complementa) a los kanji en japonés. 

Al parecer, nacido en Shikoku, aunque ya en vida era relativamente famoso (el emperador le pidió ser el monje principal en Töji, no podía ser otro sino él, y eso me parece a mí que ya dice mucho de su importancia), Kukai prefería las montañas y los paisajes naturales a ajetreo de la ciudad, y vagando por Japón encontró Koya-san. O Koya-san lo encontró a él. La leyenda dice que cuando Kukai se fue a China a estudiar con mejores profesores budismo, poco antes de volver rezó por encontrar un lugar en Japón en el que poder construir una comunidad de monjes completamente dedicados al budismo. Pidiendo esto, lanzó una vajra (un elemento que se usa en algunos rituales) al aire, y esta cayó en Japón. Cuando ya había regresado a su país, vagando como ya he dicho por Wakayama, se encontró con un cazador que le dijo que él sabía donde estaba la vajra que Kukai había lanzado en China, y que uno de sus perros le guiaría hasta ella. Kukai lo siguió y llegó a una montaña, donde una mujer le salió al paso diciendo que ella era el espíritu de la montaña y el cazador era su hijo. Finalmente Kukai encontró la vajra colgando en un árbol en lo alto de la montaña que resultó ser Koya-san, y allí construyó su soñado centro budista.

Yo, en lugar de lanzar una vajra al aire, compré un ticket por 1 dia para Koya-san en Hirakata Station, y salí pronto por la mañana ya que no sólo son una hora y media aproximadamente para llegar a la montaña, sino que antes tenía que llegar a Namba de donde sale la única línea que va hacia Wakayama, y hacia Koya-san. Tras un pequeño segundo desayuno con una magadalena de té rojo y un café decente (en una pequeña cafetería en la estación de la Nankai Line en Namba, el descubrimiento de un tesoro), nos sentamos en el tren a observar el hermoso paisaje de Wakayama. No deja de impresionarme en Japón el cambio de la ciudad al campo. A veces olvido que puedo salir de esta ciudad inmensa que es Japón algunas veces (sobre todo si hablamos de Tokyo), o por ejemplo, de que estamos en una isla, ya que apenas veo el mar. En Wakayama todavía había cerezos floreciendo, y era impresionante ver cómo en las montañas totalmente cubiertas de árboles, de repente había un árbol puro rosa: un cerezo. A medida que nos alejábamos de Namba hacia el sur, las casas se hacía más grandes, con menos pisos, con más campos de verduras y de arroz, más montañas rodeándonos...en cierto modo me recordaba un poco a Galicia, cuando paso de León a Orense yendo a casa desde Salamanca, sólo que con muchísimos más árboles. Las últimas paradas de la línea ya eran entre montañas, cruzando túneles, y las estaciones eran pequeñisimas, viejas, apenas un andén. Al final de la línea llegamos no a la falda de la montaña, como demuestra el hecho de que ya anduvieramos entre montañas antes, pero a pesar de todo hay que coger un funicular para llegar hasta la cumbre donde están los templos y una pequeña ciudad. El funicular no tarda ni cinco minutos, pero he leído que andando, como se hacía antiguamente (el funicular es de los años 30), se tarda una hora. Y es que la montaña está a unos 900 metros por encima del nivel del mar, y no es precisamente poco empinada. Sin embargo, antes era un importante lugar de pregrinaje, y ahora en cambio abundan turistas y montañeros-fotógrafos. A pesar de eso, la mayoría de los turistas son japoneses (y con la posibilidad de dormir en uno de lo templos, ¡qué pasada! ¡qué pena no haber tenido tiempo!), y había grandes grupos de peregrinos vestidos con las mismas chaquetitas que les designaban como grupos. Aun así, lo mejor era perderse por las montañas y los bosques llenos de tumbas. Y es que Koya-san es conocido no sólo por sus templos, sino porque es uno de los mayores cementerios de Japón. Quien quiera, no importa si se es busdista o no, puede pedir ser enterrado en Koya-san. Hay mausoleos a personas de familias de shogun, como los Tokugawa, de poetas, de importante gente de la corte, de escritores, pero también hay tumbas en la memoria de los muertos en las guerras de Japón. O cosas más curiosas, como tumbas en memoria de las termitas que los exterminadores de plagas matan, por los caballos muertos en las guerras; pero también hay tumbas bajo el nombre de Nissan, de Komatsu (la empresa que está al lado de Kansai Gaidai), de UCC Coffe, una de las empresas de cafeterías (o de venta de café, no lo sé con seguridad) más visibles por Japón. 

No sé si las fotos que he subido hacen justicia a los hermosos colores de la montaña, con sus bosques y tumbas. O a los templos. Lo mejor fue cuando, después de comer, empezó a lloviznar y a subir la niebla a la montaña, dandole un aspecto místico a la zona. Los templos parecía mucho más sagrados a las cuatro o a las cinco, cuando ya a punto de cerrar casi no quedaba gente y una neblina llenaba el ambiente. En silencio y en la sombra, creo que Koya-san será una de esas imágenes que no podré olvidar. Además, en uno de los templos, en Kongobuji, con la entrada nos dieron té verde y una galletita de arroz de regalo, mientras escuchábamos una charla en japonés acerca de Kukai.

Salimos para Namba otra vez a eso de las seis de la tarde, la niebla cubría los picos de las montañas rodeando Koya-san. Y era una niebla azul como no he visto otra. No sé si las nieblas en lo alto de las montañas son siempre así, pero no se parece en nada a la niebla que puede haber en Salamanca en invierno a las 9 de la mañana. 

18.04.2008

Kyoto - Tokyo

Más vale tarde que nunca! En estas semanas que no he podido actualizar han pasado muchas cosas, he ido a Kyoto, a Tokyo, al Monte Koya, a Kisaichi, a Umeda, han empezado de nuevo las clases de los japoneses, he comido helado, he conocido a gente, me he despedido de otros, he vuelto a España...no, esperad, eso aún no ha pasado. Pero cada vez queda menos!! Es triste...aunque estoy emocionada ante la posiblidad de volver a comer Manzanas. Manzanas con mayúsculas.

Hace tres semanas era el momento perfecto para ver los cerezos en flor en Kansai. "Mankai", se llama, cuando las flores están en su punto álgido para su disfrute visual. Esa semana me fui a Kyoto en busca del cerezo perfecto. El plan era comer en el kebab de Kyoto, ir al Paseo del Filósofo y de ahi seguir andando hacia el sur hasta Yasaka Jinja en Shijo, y a Kiyomizudera. Lugares muy famosos para observar los cerezos. Por desgracia, no sé qué pasó que David y yo nos perdimos (para una vez que no me llevo el mapa conmigo...) y no encontramos el Paseo del Filófosofo, pero anduvimos cerca, alrededor de Kyoto University, curioseando entre callejuelas que no conocíamos al norte de Kyoto. Me encanta la zona norte y noroeste, si viviera en alguna parte de Kyoto, esa sería la que elegiría. Fue una pena no encontrar el famoso paseo, que se supone que se convierte en un paseo bajo un techo rosa de cerezos, pero lo cierto es que fue igualmente interesante pasear por Kyoto, y encontramos otros templos de los que nada sabíamos con cerezos también muy hermosos. A Shijo sique llegamos perfectamente, y el camino desde la puerta de Yasaka jinja hasta Kiyomizudera estaba precioso, lleno de gente, pero precioso. Las fotos están en el álbum.

Dos semanas atrás, en cambio, me fui a Tokyo con dos objetivos: cumplir mi sueño de ver Ueno con los cerezos en flor, y asaltar las librerías de segunda mano en Kanda y Waseda. Los cerezos no estaban ya en "mankai" en Tokyo, y las librerias se segunda mano en Japón, al contrario que la mayoría de las tiendas en este país, van y cierran los fines de semana, pero fue fantástico. Los cerezos tenían muchas flores todavía, y las que iban perdiendo con el viento parecían nieve, cubriendo riachuelos y el suelo con colores blancos y rosados. No he visto nada tan bonito como eso. Además, había muchos tipos de cerezos diferentes en Ueno: blancos, rosas palidos, rosas fuertes, blancos con vetas rosas...Y era Ueno, nada más y nada menos que el parque de Tokyo que más sale en los mangas de Clamp! Llevaba soñando con ir allí desde que empecé a leer manga (Sakura, Tokyo Babylon...). Las librerías de segunda mano, por otro lado, no estaban todas todas cerradas, y habia algunas abiertas con cosas muy interesantes. Una de ellas, tiene en su planta de arriba una sala totalemente dedicada a Bellas Artes (con cuadros, calendarios, albumes, fotos,...) y a Yukio Mishima (con libros suyos, sobre él, objetos, fotografías...). En otro edificio con muchas librerias en él, una de ellas estaba dedicado a manga antiguo, con ediciones especiales, merchandising, colecciones de tarjetas telefonicas o de tren con imagenes de series como Doraemon, libros de ilustraciones, revistas semanales...Otra, por ejemplo, estaba dedicada a los géneros de misterio, ciencia ficción y fantasía. Lo malo es que estaba centrada en autores extranjeros, no japoneses, pero de todas maneras habia cosas muy interesantes de autores como Philip K. Dick, libros suyos que no conocía, e incluían a Cortázar y a Borges en sus estanterías. Allí compré dos libros, uno de una coleccion de novelas de misterio de Yumeno Kyusaku, y una pequeña novela no sé si . de terror o de qué, de Edogawa Rampo (quien es famoso por sus novelas de misterio). En otra librería ya más corriente, compré otros dos, una colección de novelas de Edogawa Rampo, y una novela de misterio de Kitakata Kenzo. Lo cierto es que aquí las librerías de segunda mano parecen estar muy especializadas, las hay de historia, de deportes, de bellas artes, de ciencia, de filosofía, de literatura, ¡incluso sobre pesca! En Waseda estaban todas cerradas menos una, pero me gustó muchísimo la zona, con miles de restaurantes a precios asequibles y comida muy apetitosa (incluso había uno con comida okinawense, ¡oh, mi champuru!), y un parquecillo entre una pequeña urbanizacion con una colina en el centro que te permitía admirar no sólo la ciudad, sino también el parque con los cerezos más altos que he visto hasta ahora.

No creo que vuelva a Tokyo hasta finales de mayo, ya para volver a España, pero ya he ido tres veces, no que no está mal considerando que vivo a unas siete horas en bus de allí. Tokyo tiene algo que me fascina, que no creo que sea más que la imagen de Tokyo que me he hecho en mi cabeza antes de venir, pero a mi Tokyo idealizado le sigue ganando Kyoto por goleada. Sin embargo, tras el fin de semana pasado en el Monte Koya, mi lugar favorito de Japón ha cambiado, en favor de éste último. Pero es lo cuento en el siguiente post. 

02.04.2008

O-hanami

Bueno, aquí estoy después de un ajetreado principio de semana. Supongo que habréis visto ya las fotos de los cerezos y de los pasteles y os habréis extrañado de que aún no hubiera comentado nada: aquí está la entrada correspondiente. El sábado, tras abusar un poco del dulce y de los pasteles en Sweet Paradise, me acabó por dar el inevitable bajón de azúcar que me dejó medio k.o el resto del día. En realidad, sólo fue una sensación de mareo y náuseas que se calmaba bastante estando al aire libre (lo peor fue volver en tren hasta la Seminar House...). Antes de entrar en Sweet Paradise, vimos cómo en Kyoto los cerezos ya estaban en flor, y cómo perpendicular a Shijo y Sanjo, había otro río con su correspondiente avenida -paralelo al gran río que atraviesa Kyoto (Kamogawa) y su correspondiente gran avenida (Kawabata-dori)- en la que había un gran cantidad de hermosos cerezos. Paseamos hasta llegar a Sanjo y luego de vuelva por Kamogawa hasta Gojo, para volver a coger el tren. Hacía un poquito de frio pero se estaba muy bien. Sin embargo, aunque planeamos volver a Kyoto el domingo, el domingo llovio todo el dia e hizo tormenta, por lo que el día de "Ohanami en Kyoto" fue transferido a este lunes.

Tras mi clase de japonés de la mañana, David y yo (Caro por desgracia tiene cinco clases los lunes) salimos a Kyoto, a Demachiyanagi, para comer en Falafel Garden (el mismo sitio de mi cumpleaños) y pasear por el Paseo del Filósofo y de ahí bajando hasta Yasaka jinja y Kiyomizudera. Sin embargo, fallamos en nuestros cálculos de dónde debería quedar el Paseo del Filósofo y no lo encontramos, pero descubrimos otros hermosos templos y callejuelas al norte de Kyoto, hasta llegar a Heian Jingu. Desde éste, es fácil llegar a Shijo y a Yasaka jinja, y fue lo que hicimos. Lo cierto es que fue un paseo muy bonito y curioso, con lluvias intermitentes y el cielo despejado a medias y cubierto por nubes negrísimas al otro lado: por supuesto, hubo arco iris. En Yasaka jinja no sólo había cerezos florecidos de manera impresionante, sino que se notaba que aquello era fiesta. Como si de un matsuri se tratara, toda la entrada del templo, hasta bien arriba, estaba llena de puestecillos de comida (una pena que estuviera llena despues del hummus, pan pita y ensalada del Falafel Garden, porque no me quiero ir de Japón sin probar el bambú asado que hay en algunos puestos), y de restaurantillos temporales, como los puestos de pulpo y tapas que ponen en las fiestas en España, por ejemplo en Bouzas o en San Roque en Vigo. Por otra parte, todo el suelo estaba cubierto por lonas azules para los grupos de japoneses que vendrían a sentarse bajo los cerezos a cenar. Y los puestos de helados tenían, cómo no, helado de sabor "Sakura", pero el más impresionante estaba a la altura ya de Kiyomizudera con una mezcla de "sakura y té verde".

Al parecer, esta es la semana perfecta para el hanami en Kansai. Una pena, porque a principios de la semana pasada se decia que este fin de semana sería el perfecto para el hanami en Tokyo, y pensando en ello y en las miles de librerias de segunda mano de las que el profesor Berry nos habló en clase de Literatura, reservé el bus y el mismo albergue al que fui en enero para poder estar en Tokyo y hacer las dos cosas que más me gustan: disfrutar de la naturaleza (bueno, de los parques en este caso) y curiosear en librerías de segunda mano. Pero parece que el tiempo ha cambiado las cosas y ahora en Tokyo ya es un poco tarde. ¡Qué desgracia, con la ilusión que me hacía a mí ver Ueno con todas las flores de cerezo, como en tantos manga de Clamp ha salido! Bueno, alguno habrá todavía, digo yo. Y esta semana, con tal de ir después de clase a más sitios (dicen que Yawatashi, a tres estaciones de Makino, tiene un paseo la mar de bonito con cerezos; también he oído que Tohfukuji, al sur de Kyoto, no está mal; tal vez debería ir a Osaka-jo....) después de clase, al menos aprovecharé en todo lo posible la corta estación de los cerezos.

Pronto pondré las fotos del paseo por Kyoto del lunes. ¡Espero que no os aburran tantas flores!

 Besoos

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