02.08.2009
Lo que toca
Lo que toca es volver a casa, pero no quiero! >.<
22:06 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (4) | Envoyer cette note | Tags : viajes, estados unidos
19.04.2009
Lo impensable
Si, puede parecer impensable, incluso a mí me lo parecía, pero ha llegado el momento. Estoy cansada de estudiar. De hecho, estoy MUY cansada de ESTUDIAR. Que no de aprender, que es algo muy distinto. Estoy harta de profesores malos, egocéntricos y prepotentes, estoy harta de presiones, exámenes y normas, y sobre todo, de estudiar SIEMPRE lo mismo. No sé quién diseñó el programa de filología inglesa, pero una vez llegas a cuarto es bastante aburrido. Como en cuatro años no da tiempo ni de broma a profundizar en la materia correctamente (si es que Salamanca es el único sitio de España, que yo sepa, donde esta carrera no es de 5 años), vemos todo mal y corriendo, superficialmente, repitiendo las mismas generalidades año tras año. Y eso que me he pasado un año de "descanso" en Japón, viendo cosas totalmente distintas de las que estaba aprendiendo en filología, pero siento que casi casi estoy reviviendo una mezcla entre segundo y tercero de carrera -alguna excepción hay- todo me suena ya muy viejo. No me puedo imaginar cómo debe de ser para los que no se toman un año en medio. Deben estar aún más deseosos de acabar que yo. Y para mejorar el asunto, el máster nuevo que han creado de filología inglesa es una REPETICIÓN de lo que se da en la carrera. Sólo que supongo que te piden más trabajos por tu cuenta y habrá más debate y seminarios en clase, pero yo tampoco estaría al 100% segura. Con los profesores que tenemos y los alumnos tal y como somos en España, lo dudo mucho.
La verdad es que estoy más cansada de la universidad que de estudiar, porque cuando me pongo por mi cuenta me acuerdo de cuánto me gusta mi carrera y lo hago con ganas: son las clases las que me están matando. Menos mal que ya termino. ¿Menos mal? Tal vez peor. Porque entonces surge la pregunta....¿y ahora, qué?
Difícil pregunta. Difícil panorama laboral. Difícil situación personal. Estudiar otro año más, sólo uno más, el máster de español para extranjeros (al fin y al cabo, en principio estoy admitida) parece mi mejor opción. Otra cosa no veo. No tengo ganas de estudiar otra cosa, y además la mayor parte de los máster duran dos años, y de eso si que no tengo ganas. Incluso este duraba dos años, sólo que lo han comprimido en uno. Lo mismo para una formación profesional. Y al fin y al cabo, enseñar español me puede dar trabajo en cualquier parte, desde en España a inmigrantes, hasta cualquier país del mundo. Y sino es de profesora de español, pues de otra cosa (casi mejor), pero al menos sé que d eeso podré comer en el extranjero. Y eso para mi resulta fundamental: tener la posibilidad de ganarme la vida en el extranjero. Y es que no sé quién va a querer fuera de España a una profesora de literatura o lengua inglesas que no es nativa.
Si hago algo, es este máster. El caso es...¿realmente quiero seguir en Salamanca un año más estudiando? ¿Y qué hago sino? La mayor parte de mis amigas están con el mismo problema. Tesa se ha metido a Magisterio. Ely se va a ir a Madrid a lo que le salga. Maho quiere encontrar trabajo de algo, lo que sea, en Japón, o sino hacer oposiciones a controlador aéreo o lo que salga. Virginia piensa en matricularse de un par de másters de magisterio, y a lo que salga. Marta, por el estilo. Todas con más o menos pánico al abismo que se abre ante nosotras, ahora salimos de la universidad. Bueno, de la licenciatura.
17:49 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (5) | Envoyer cette note
06.04.2009
Nostalgia
Jo, echo de menos Japón.
10:30 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (0) | Envoyer cette note | Tags : japón
12.05.2008
Sólo decir
Sólo decir que estoy escribiendo como una loca y lo que menos me apetece es estudiar japonés, porque eso quiere decir que tendré los exámenes y estos se acabaran, pronto, mucho más pronto de lo que parece. Y además estoy disfrutando escribiendo estos ensayos. El de Murakami se está complicando más de lo previsto, creo que va para diecisiete páginas (que en realidad, es la longitud media de mis ensayos en Salamanca); y el de Hanagan, pues cómo no tengo ni idea de por dónde coger lo que nos ha mandado hacer cómo ensayo final y no me ha convencido nada la clase, muy poco al menos, voy a hablarle de cómo todas esas teorías más o menos bonitas acerca de cómo debe vivir el hombre en el fondo dicen lo mismo que han estado diciendo los poetas desde el principio de los tiempos, y cómo ellos lo dicen de una manera más hermosa, intuitiva, y fácil de comprender - o debería decir, "aprehender"- para las personas; cómo, también, se quedan más en nuestras mentes y todos nos sabemos versos de Manrique: "nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir...", o de Machado "caminante no hay camino se hace camino al andar", o de Calderón, Shakespeare, Pound, Coleridge,...y acabaré con Keats.
De todas maneras, quería también citar un poema de Pound que me ha costado siglos encontrar en la red:
The tree
"I stood still and was a tree amid the wood,
Knowing the truth of things unseen before;
Of Daphne and the laurel bough
And that god-feasting couple old
That grew elm-oak amid the wold.
'Twas not until the gods had been
Kindly entreated, and been brought within
Unto the hearth of their hearts' home
That they might do this wonder thing;
Nathless I have been a tree amid the wood
And many a new thing understood
That was rank folly to my head before."
Seamos árboles un poquito, ne?
10:09 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (1) | Envoyer cette note | Tags : japón, trabajos, poesía, nostalgia
11.03.2008
as time goes by
Hoy he quedado con Shoko, una de las pocas amigas japonesas que he hecho aquí en Kansai Gaidai, por penúltima vez. El viernes que viene se gradúa y se va a trabajar a Uniqlo, una empresa japonesa de tiendas de ropa, a Fukuoka, en Kyushu. Hemos quedado para despedirnos el martes que viene otra vez. Me da mucha pena, porque es muy maja y aunque pretendo ir a Kysuhu en un futuro no muy lejano y le haré una visita, pues me doy cuenta de cuánto tiempo ha pasado desde que la conocí en la cafetería de Kansai Gaidai. Eriko aun anda por aquí, aunque últimamente parece que ha estado enferma, pero vamos, que también llegará el momento en que me despediré de ella, así como del resto de Japón. Vaya, que pensamientos tan tristes. Mirad que estoy cansada de Japón, aunque ahora que ha llegado el buen tiempo y el solcito se está mejor; pero aún así lo que daría por estar en España, y sin embargo tampoco quiero dejar esto. Si es que me rayo por nada.
Pero ya ha llegado la primevera, han subido ligeramente las temperaturas y hace sol! ya no tengo que llevar cinco capas de ropa, se ha acabado el sacarse los guantes solo en casos de extrema necesidad, por fin puedo dejar los abrigos dentro del armario (o meterlos ya en la maleta para mayo). ¡Ha llegado el tiempo de los helados de té verde!
06:36 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (0) | Envoyer cette note | Tags : japón, amigos, tiempo, reflexiones
08.02.2008
Y tú, ¿por qué lees?
En la primera clase Modern Japanese Fiction el profesor nos hizo reflexionar preguntándonos: ¿por qué leer? Alumnos fueron levantando sus manos y respondiendo hasta que la pizarra se llenó con la siguiente lista de razones:
-Escapismo
-Entretenimiento
-Para descubrir nuevas perspectivas
-Para entrever otras realidades
-Para aumentar nuestro conocimiento
-Para descubrir otras culturas
-Para entender la cultura propia
-Para investigar posibilidades para el futuro
-Catharsis*
-Para recordar o descubrir la historia
-Para descubrir temas humanos universales
-Para ganar experiencia a través de la experiencia de los personajes
-Para reforzar el sentido de identidad
-Sentir emociones
-Para preservar las competencias lingüísticas
Primero quisiera comentar estas razones y luego, explicar las mías.
La razón escapista hace surgir nuevas preguntas, por ejemplo “¿de qué escapar?”, o “¿de qué sirve escapar?”. ¿Escapar de la realidad? ¿Acaso no muchas, sino casi todas las ficciones utópicas o distópicas no están, en lugar de escapando de la realidad, cuestionándola y señalando sus defectos? Claro que se puede escapar de la realidad en una novela realista, pero normalmente la gente no piensa en ese tipo de novelas cuando escuchamos la palabra “escapismo”. Suele relacionarse más con un paisaje idílico y unos hechos extraordinarios que se salen de lo cotidiano. Sin embargo, en una novela realista tal vez nos podamos escapar de la realidad que nos asfixia con mayor éxito, ya que al fin y al cabo la mayoría de las novelas que entendemos por “realistas” (de esto voy a hablar en la próxima entrada) están tan ordenadas y estructuradas que nos ofrecen una sensación tranquilizadora, optimista, de que las cosas pueden ordenarse también para nosotros. La ilusión de no estar tan inmersos en el caos que normalmente domina el día a día. Yo relaciono esta razón un poco con la más aristoteliana de la lista, catarsis. Quizá no sea un término muy familiar para vosotros, quizá si, no lo sé, pero por si acaso voy a tratar de explicarla un poco. La palabra katharsis significa “purificación, purga”, y aunque Aristóteles nunca llegó a explicar exactamente a qué se refería con el término, en general la idea es que para evitar que las emociones desborden al hombre, el arte sirve como expresión de esas emociones de modo que el hombre, al vivirlas a través del arte, las desahogue en cierto modo en ese momento, viviéndolas no tanto en sí mismo sino a través de la música, del teatro, de una novela…de modo que cuando termine, ya hayan vuelto las emociones en él a su flujo normal y además tenga una bonita sensación no ya de paz, sino de placer, por la belleza de lo que ha contemplado. Libera así toda tensión y asfixia en la tragedia que ha visto, o en la obra que ha leído, en lugar de permitir que las emociones lleguen a extremos insanos en su vida real y puedan afectarle de modo insano. Se libera así de las ansiedades, al igual que en la función escapista, aunque quizá el escapismo requiera de cierta voluntad (“voy a leerme ese libro porque quiero olvidarme de este problema que me preocupa ahora durante un tiempo”), mientras que la catarsis es algo más bien inconsciente, una cualidad del arte en lugar de un deseo del que disfruta de él.*
El entretenimiento es el objetivo de gran parte de la literatura que se produce hoy en día: entretener a los lectores y ganar mucho dinero. Léase, “best sellers”. Sin embargo, muchos libros escritos sin ninguna pretensión, sino para entretener, se han convertido en grandes clásicos. El Quijote es una novela muy divertida (dicen aquellos que la han leído, no hablo por experiencia propia, todavía), las primeras novelas fueron también escritas no tanto para enseñar algo o alabar a alguien o mantener viva una historia sucedida hace mucho tiempo, como la literatura más antigua, sino para entretener a la burguesía y hacer dinero con la recién nacida industria del libro. Y sin embargo, han pasado a la Historia de la Literatura. Así que no despreciemos best sellers. Sus autores viven mejor que muchos de nosotros.
Sentir emociones. Sobre esto tengo mucho que decir más tarde. Por ahora, comentar que hay libros que inspiran emociones, seguramente la poesía y la música sirvan mucho más para ese propósito, pero que leer libros por las emociones que pueden despertar en uno es decir muy poco de la propia humanidad. Quizá, buscar sentir una emoción en particular como catarsis…
Para preservar las competencias lingüísticas, ya no de cada uno, sino de la sociedad entera a base de “obligarla” a leer cosas no escritas en lenguaje sms o forero (de los foros de internet, que muchas veces es un idioma bastante ininteligible por muy español que sea). Triste pero cierto. Yo misma veo que desde que estoy más acostumbrada a leer en inglés que en español, cuando leo en español necesito el diccionario más que cuando leo en inglés, y ahora mismo, cuando estoy escribiendo en español, me vienen a la cabeza palabras en inglés y tengo que buscar su traducción en un diccionario online para poder escribirlas aquí en español y que me entendáis. Tengo la palabra en la boca, pero no me sale. Un poco por esa misma razón escribo cosas tan largas últimamente, para no olvidar mis competencias lingüísticas. Esta es una razón muy seria, aunque no lo parezca a simple vista.
A continuación vienen muchas razones en las cuales la palabra descubrir es fundamental. Ya sea un pedacito de sabiduría, o de otra cultura, o cosas que hemos olvidado de la nuestra propia, la función de “aprendizaje” de la literatura ha estado presente desde tiempos inmemoriales. No me refiero sólo a las moralejas de las fábulas de de La Fontaine, aunque este sea un ejemplo muy concreto, sino a algo mucho más amplio. Una de las respuestas fue “aprender de las experiencias de los personajes”, pero también de las experiencias del propio autor, que al fin y al cabo son las que suele reflejar con el conjunto de su novela, de modo más o menos simbólico, y son mucho más reales que las de cualquier personaje de ficción. En la clase hubo mucho comentario respecto al tema de la cultura –y a no sólo a las diferencias, sino también a las similitudes, a los temas humanos universales- ya que todos somos estudiantes de diferentes culturas estudiando una cultura que es muy distinta de la nuestra propia, a la vez que nos enfrentamos con una variedad a la que no estamos acostumbrados, aunque algunos tienen más experiencia que otros en este baño multicultural (por citar un ejemplo, hoy en las presentaciones que tuvimos que hacer en clase de japonés, nos enteramos de que uno de nuestros compañeros de clase tiene una novia japonesa a la que conoció en América, donde está ella ahora. Irónico, ¿no?). Y la cultura lleva al tema de la propia identidad, hasta que punto esta es cultural o no, y cómo en muchas de las novelas modernas y postmodernas, cuando el individuo como individuo se convirtió en lo más importante en el paronama filosófico (Kant ya dice mucho acerca del individuo y su autonomía, pero el Existencialismo fue la gota que colmó el vaso), el tema de la identidad es muy discutido y cuestionado.
Hay una razón que no he escrito en mi lista. Una chica americana de la que seguramente hablaré más adelante por lo desafortunado de sus intervenciones, afirmó que ella leía por “self-preservation”. Lo que pasa es que fue incapaz de explicar a qué se refería con ello. El profesor Berry intentó sacar algo de tan vaga sugerencia pero no había mucho de dónde coger nada, así que lo dejó como yo lo he dejado, aunque con una sonrisa que yo no lo habría dedicado a una chica tan…irresponsable. ¿De qué sirve una idea sino hay nada detrás de la palabra para sostenerla? En fin…volviendo al tema, pensando acerca de qué habría podido querer la niña con su “self-preservation”, ayer llegué a una conclusión que tal vez no sea ni de lejos lo que quiso decir.
Uno de mis profesores de Literatura Inglesa, en concreto, de tercero de carrera, nos dijo un día en clase algo iluminado: “Los hombres nacemos solos, vivimos solos, y morimos solos. Pero tenemos la poesía.” La poesía, la literatura (la música, el arte), siempre estará ahí en otra esfera diferente de la mortal, en la esfera de la Historia del Arte, de la tradición a la que Eliot se refería cuando decía que las nuevas obras debían ajustarse a ese Todo que conforma lo hecho anteriormente al mismo tiempo que ese Todo se ajusta a las novedades. El arte es eterno en ese aspecto, no es contingente como lo son nuestras vidas. Pasarán generaciones, como ya han pasado antes de que yo llegara al mundo, y siempre se podrá recurrir a Homero por muy lejano en el tiempo que parezca que esté, cuando quieras leerlo. El tiempo no afecta a las obras artísticas una vez que están dentro de ese Todo. Bueno, de eso ya hablé en mi post sobre la tradición para Eliot así que no voy a volver a entrar en ello. Para lo que ahora nos concierne, la Literatura nos devuelve un poco de la seguridad y confianza en nosotros mismos que perdemos en los vaivenes de esta vida tan complicada, porque siempre siempre está ahí cuando quieras recurrir a unos versos o unas líneas de tal o cual autor, porque te habla solo a ti a través de eones y de kilómetros de distancia sin que ello minimice su efecto. Nos acompaña en el camino. Mi profesor nos dijo “¡aprenderos poesías de memoria! ¿a qué estáis esperando?”, porque de esa manera estarán más que nunca siempre en nosotros, ya no con nosotros, y no dependeremos del soporte del libro para encontrar esa confianza que echamos de menos. Ello nos ayuda a seguir viviendo, a no desesperar. Creo, también, por la cualidad catártica del Arte (con mayúsculas). Ello nos ayuda a preservar la sensación de nuestro yo, sea lo que sea el yo para cada uno.
Me pregunto si lo que quiso decir la chica esa sería algo semejante a esto, o sólo quería intervenir en clase.
Yo eché de menos una razón para leer. La Belleza. La Literatura, no sólo la Poesía, es hermosa (la que lleva mayúsculas). No creo que sea sólo cosa mía que me gusten las cosas bonitas, pero en el Arte busco algo mucho más allá de “bonito”: lo sublime. Es difícil definir lo que es sublime, ni siquiera sé si es una percepción de una realidad o más bien un sentimiento u emoción producido por las cualidades de una realidad. Lo más cercano a lo que puedo llegar a describir esto a lo que me refiero con la palabra sublime, es ese momento en el que, tras leer una página extraordinaria, no puedes sino cerrar los ojos, bajar el libro, suspirar, y volver a leer inmediatamente ese pasaje. Ese pasaje es sublime. Me inclino un poco más por mi segunda sugerencia de definición, como sentimiento, por ello lo relaciono con la razón “sentir emociones”, y no hablé de esto antes. Pero en esa razón no había mención alguna a la Belleza, y por eso tenía que ponerlo aparte. La Belleza no es ninguna razón tonta, ya que muchos autores lo que buscan al escribir es la Belleza. Ya lo dijo Pound: “Incluso en sueños te has negado a mí / y me has enviado tan sólo a tus doncellas”. Que la busquen no es que la consigan, aunque creo que la mayoría subestima sus logros.
Cuando la primera chica en contestar dijo “escapismo”, lo que se me vino a la mente fue “buscar”. Nada de huir, sino de perseguir: la sabiduría y la belleza, a través de emociones, de nuevas perspectivas de la mano de las palabras de los autores, de las ventanitas en otros mundos que son los libros. La sabiduría no se puede enseñar, pero los pequeños conocimientos que nos ofrecen en cada libro ayuda a que nos demos cuenta del camino.
¡Hay tantas cosas dentro de un libro! ¿Cómo elegir una, dos o siquiera tres como razones para leer?
*Señalar, como dato divertido, que fue un europeo, en concreto un alemán, el que mencionó a Aristóteles. Los americanos dieron razones mucho más personales, subjetivas. El profesor también pareció un poco sorprendido de la mención a Aristóteles.
12:45 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (5) | Envoyer cette note | Tags : Japón, Clases, Literatura, Reflexiones
04.02.2008
La "tradición" según T.S. Eliot
No lo escribí ayer como prometí, porque me dejaron sin Internet en la residencia. Pero no perdono, dije que comentaría qué era la tradición según T.S Eliot, para quienes no le conozcais, uno de los poetas más importantes de la primera mitad del siglo XX, autor de la maravillosa y muy recomendable La Tierra Baldía (The Wasteland). En otros posts ya he hablado de él, hace muchos muchos meses. Buscad en las categorías de Filología o Ensimismamientos si queréis saber un poquito más del tema.
Veamos. Eliot, que explica el término en su texto titulado Tradition and the Individual Talent, y aunque se centra más en la tradición literaria que en otros tipos de tradición, lo que él dice puede ser muy bien trasladado a otros ámbitos más allá de la literatura. Los problemas son básicamente los mismos, y las tendencias se repiten. Los problemas radican en saber qué es la tradición y qué hacer con ella.
Eliot empieza comentando que normalmente la palabra “tradicional” tiene unas connotaciones negativas para el público. “Tradición” suena a algo muy antiguo, rebuscado, oxidado. Hoy en día, como en su día, a lo que se da valor en la obra de un poeta es a la novedad que él supone en contraste con el resto del panorama literario. Se buscan sus características únicas que le diferencian de todos los demás, y es a eso y sólo a eso a lo que se le da un valor artístico positivo, como si a través de esas particularidades tan distintivas por originales se escondiera la personalidad del artista. Eliot rebate esta teoría diciendo que el hecho de que un artista transmita el arte y el conocimiento de los antiguos maestros de la poesía puede ser igualmente una característica peculiar que diga mucho más de su personalidad que las originalidades del escritor. Este argumento, en un momento en el que la novedad es fundamental, si un artista quisiese innovar a base de volver atrás, a la tradición, eso seguramente diga mucho más del artista como tal que cualquier novedad de otro artista loco por destacarse a sí mismo por original hasta llegar al absurdo.
Ahora me voy a permitir traducir un párrafo de Eliot, porque él lo expresa con mayor claridad de la que yo puedo llegar a aspirar:
“Pero si la única forma de tradición, de herencia, consistiera en imitar las formas de la generación inmediatamente anterior a la nuestra, por querer formar parte ciega y tímidamente de sus éxitos, la “tradición” deber ser sin duda desaconsejada. Hemos presenciado ya muchos ejemplos de corrientes así de simples que se han perdido en las arenas; y la novedad siempre es mayor que la repetición. La “tradición” es un concepto con un significado mucho más amplio. No puede ser heredada, y si la quieres conseguir sólo la podrás obtener con mucho esfuerzo. Supone, en primer lugar, un sentido histórico, que podríamos decir que es prácticamente indispensable para cualquiera que quiera seguir siendo un poeta más allá de sus veinticinco años; y este sentido histórico conlleva la habilidad de percibir no sólo la antigüedad del pasado, pero también su presencia; el sentido histórico hace que el hombre no escriba tan sólo con su propia generación en sus huesos, sino con la sensación de que toda la literatura de Europa desde Homero y con ella toda la literatura de su propio país, tienen una existencia simultánea y conforma un todo ordenado simultáneo. Este sentido histórico, que es el sentido de lo eterno al mismo tiempo que de lo temporal y de lo eterno y de lo temporal unidos, es lo que hace a un escritor tradicional. Y es al mismo tiempo lo que hace que un escritor sea muy consciente de su lugar en el tiempo, de su contemporaneidad.”
Considero especialmente importante la parte dedicada al “sentido histórico”. Y me gusta mucho más ese término que el manoseado y tergiversado “memoria histórica”, que tanto gustan de usar en España últimamente, cada uno poniendo su propio interés político en el término. La Historia es la cuestión, claramente. Ser conscientes de ella y no obviarla, es fundamental para poder enfrentarse al presente, y por consiguiente, al futuro. No es la tradición algo que coger del baúl de los recuerdos y copiarlo hasta la saciedad, como muy bien critica Eliot en sus primeras líneas. Ya hablé en el post anterior de la necesidad de ser capaces de cuestionarse el pasado y de criticarlo en positivo y en negativo, de analizarlo. Pero para eso hay que conocerlo, claro. La Historia no viene implantada en nuestras cabezas, y no sirve de nada aprobar en el Parlamento leyes por la “memoria histórica” sino se enseña a la gente desde las instituciones básicas de la educación en un país desarrollado, es decir, el colegio. Yéndome un poco del tema, centrándome en esto último que he estado diciendo, tengo que decir que no llegué a dar absolutamente nada acerca de la Guerra Civil Española hasta segundo de Bachillerato. No sé que hay de bueno el mantener el silencio y la ignorancia, de verdad. Fuera de España lo estudian mucho más abiertamente y creo sinceramente que Caro, mi compañera de habitación alemana, sabe mucho más de la Guerra Civil Española que yo.
T.S. Eliot continúa diciendo que “ningún poeta, ni ningún artista de ningún arte, tiene su significado completo en soledad”. Quiere decir, sin compararlo con un modelo del que forma parte. Todos formamos parte de un todo más grande, en general la sociedad, la cultura, la historia. El poeta, contra su generación artística y todas las anteriores que ha habido antes que él. Él, por sí mismo, no vale nada; bueno, simplemente es que no se puede saber su valor si no hay nada ni nadie contra el que valorarlo. Sabemos que este plato de spaghettis es bueno porque sabemos cómo es uno peor, pero también cómo de rico está uno mejor. Nadie vive sin comparar las cosas que experimenta con las ya experimentadas: de ahí sale el conocimiento que tenemos a partir de la experiencia, de la vida. Así con el poeta y sus novedades literarias, así con las novedades culturales, tecnológicas o sociales que surgen cada día. No es aceptar lo nuevo por la novedad ni adorar lo antiguo por su antigüedad. La capacidad de discernimiento es cada vez más y más fundamental para vivir en el mundo, ya que cada vez el pasado, la historia, es más grande, y las novedades son más y más también al ritmo al que se desarrolla el futuro.
La parte más importante del texto, en mi opinión, viene ahora. Eliot defiende lo que ya he empezado ha hacer en el párrafo anterior: que comparar a un artista para valorarlo no significa despreciarlo en relación a los artistas del pasado, ni tampoco despreciar la tradición artística. Como dice en el párrafo traducido, la tradición forma un todo ordenado y simultáneo en el que el tiempo no tiene importancia en sí, pero que gracias a ella un individuo puede conocer su lugar en él. Lo nuevo entra dentro de ese Todo, pues todo lo presente será pasado más pronto que tarde, y la novedad influirá y cambiará ligeramente el orden de ese Todo, ambos adaptándose unos a otros: la novedad a la tradición, la tradición a la novedad. La tradición y la historia no son algo estático y permanente, sino que se van reescribiendo por la propia naturaleza de las cosas, que es temporal. Todos los días hay nueva historia y todos los días hay nueva tradición, cuando el sol se pone, dan las doce de la noche y nace un nuevo día.
Por supuesto, mirar hacia atrás con sólo un día, o dos, de distancia, no es suficiente separación para darse cuenta de la historicidad de lo que estemos mirando, de su posición dentro de la tradición. Está demasiado cercano para analizarlo como parte de ese Todo del que Eliot habla. De ahí que la frase “el tiempo pone todo en su lugar” sea tan común. El tiempo aquí parece cobrar personalidad: la tradición es atemporal, pero dentro de ella el tiempo es fundamental.
Luego Eliot empieza a tratar temas más centrados en el arte y en particular en la literatura, léase el talento del que habla el título del texto en el que Eliot comenta su noción de “tradición”. Esa parte ya no es tan trasladable al tema que nos ocupa, excepto por la cuestión de cómo valorar a un nuevo artista (pudiendo ser esto traducido al ámbito no literario como cualquier innovación que nos preocupe), pero ya he comentado bastante sobre ello y este post se está convirtiendo casi casi en un ensayo demasiado largo para postear en un blog, así que no me voy a extender mucho más.
Sólo añadir unas líneas más citando (y traduciendo) a Eliot:
“Algunos dicen: ‘Los artistas del pasado están muy alejados de nosotros porque nosotros sabemos tanto mucho más que ellos.’Precisamente, y ellos son eso que nosotros sabemos.”
12:55 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (2) | Envoyer cette note | Tags : Reflexiones, Cultura, Tradición, Literatura, Poesía
29.01.2008
Shocks Culturales
Tras la fase inicial de fascinación por la novedad de la situación, creo que se nota que me ha llegado el momento del shock cultural. Supongo que, como ya me parece que no soy una simple turista en Japón, estando de paso, sino que me siento que realmente estoy viviendo aquí por primera vez, es cuando empieza a afectarme el tema de las diferencias culturales. En mi anterior post hablé del sentirme alien y del sentirme es casa, pero creo que debo matizar lo que entonces dije.
"Casa" no es un lugar. "Casa", en realidad, no existe. "Casa" designa nada más un sentimiento que en ciertas ocasiones tengo: "ahora me siento como en casa", y puedo estar en una cafetería, en un parque, en la calle. El lugar no es lo importante, lo fundamental son las condiciones que rodean ese momento en que estoy "en casa". La mayor parte de las veces tiene más que ver con la atmósfera y con la gente con la que estoy que con el sitio en concreto. Por ello, no estoy echando de menos Vigo, Salamanca, o España, estoy echando de menos la cultura con la que he crecido, que quizá en mi orgullo creo que puedo llamar "europea", y lo cierto es que mi experiencia aquí así me lo dicta. Tengo mucho más en común con los europeos que con la gente de cualquier otro país, y más con gente de Alemania, Italia, Francia, etc., que con gente española con la que no he trabado una amistado como si he hecho con gente de los paises antes mencionados. A pesar de la dichosa globalización, o de la influencia de la cultura americana en el resto del mundo, ello no me acerca más a la gente no europea. Puede que yo a ellos no les resulte tan extraña como ellos a mí, ya que conozco muchas de las referencias que hacen aunque no todas: sin embargo, las que yo hago les resultan desconocidas, nuevas, y por ello el abismo parece más grande desde mi lado del precipicio. Por primera vez me estoy dando cuenta de que hay cierta identidad europea, a pesar de que cada país dentro del continente tenga también sus notables diferencias.
Retomemos lo de "casa". Es un sentimiento que se produce cuando a tu alrededor se encuentran cosas reconocibles, que puedes reencontrar en tu memoria y no resultan una novedad a tus ojos. En un ambiente que reconoces, te sientes más cómodo, menos tenso, te relajas. No tienes que hacer nada especial para que esa atmósfera te acepte porque en el fondo siempre ha estado un poquito dentro de ti, y por eso te suena. No tienes que racionalizar ese punto del espacio-tiempo, sólo tienes que estar ahí. El momento y el lugar te dan la bienvenida siempre, están siempre abiertos, o eso parece, a ti. Entonces es cuando estás en casa. Normalmente ese sentimiento se corresponde con lo que se siente al estar en tu hogar familiar, ya que es donde uno se ha criado y por lo tanto hay más cosas reconocibles a la memoria, y no hay duda de que todo te va a sonar, te va a resultar "familiar". Como cuando vuelvo a casa después de estar en Salamanca y veo que mi madre ha cambiado la disposición del salón. Esa novedad convierte a mi hogar en algo menos reconocible de lo que normalmente es, aunque siempre haya algo que puedo reconocer en todo ello porque los cambios, hasta el momento, nunca han sido radicales. Recuerdo la primera y única vez que cambié mi habitación: me costó mucho acostumbrarme a ella y encotrarme en ella como "en casa". Aún recuerdo los lugares-refugio que usaba de pequeña y los echo de menos. No tengo nada semejante en mi nueva habitación a pesar de que ya tiene varios años. Lo mismo, cada año nuevo en Salamanca tengo que acostumbrarme a un nuevo apartamento, tengo que intentar sentirlo familiar, y normalmente solo lo consigo con mi habitación, porque paso mucho tiempo en ella y porque la decoro a mi manera, o en la cocina, donde también paso mucho tiempo. El resto de la casa siempre es extraña. Cuando hay más gente conmigo no importa, pero si estoy sola, me da miedo.
El sentimiento de que algo es familiar, reconocible, es en realidad uno de los más poderosos que afectan a las personas. En los géneros del miedo y el terror juegan mucho con el tema: la peor pesadilla se esconde debajo de la cama, en la oscuridad del pasillo de tu casa, en los lugares que normalmente son tu "casa", lugares muy normales, de pronto irrumpe una presencia no tan normal, no reconocible: o aún peor, es reconocible, pero ha cambiado y posee algo extraño que no debería estar ahí. De repente tu peor pesadilla está mucho más cerca de ti de lo que podías haber imaginado. El miedo nunca viene de algo externo, sino de dentro, muy dentro. O al menos, el miedo que asusta de verdad. Si los zombies invaden una ciudad, la película no es de miedo, es de acción. Pero si la niñera se convierte en un peligro para tu familia, eso sí que da miedo. ¿Qué os ha dado más miedo, Resident Evil o La mano que mece la cuna?
Tras divagar sobre el miedo (es que la literatura gótica me gusta mucho), regreso al hilo central de esta entrada. Japón no me da miedo. Primero, porque es un país muy seguro comparado con España, segundo, porque es externo, extraño ya de por sí, y no hay nada en ello que me pueda dar miedo. Pero obviamente, no me siento como en casa, no encuentro ninguna atmósfera reconocible en la que me pueda relajar y sentir cómoda. En todo momento me siento como forzada a buscarle un sentido a la situación, a que la situación me acepte, debo pensar qué he de hacer, decir o pensar, porque todo es extraño y ninguna de mis pautas normales de comportamiento parecen cuadrar bien aquí. Me siento un poquito más en casa en mi habitación de la resi, con Caro, con David, con la gente de la resi que ya conozco del cuatrimestre pasado. Pero encontrarme cada día con gente nueva invadiendo "mi cocina" (que no es mía, pero la siento así porque ya estoy acostumbrada más o menos a ella, y en ella me puedo relajar sino hay gente extraña que la haga más extraña de lo que es de por sí), no es que me disguste, porque conocer gente nueva puede ser muy interesante, pero de repente ya no me puedo relajar, ya estoy incómoda. De pronto tengo que pensar en inglés (y creedme, a las 7 y media de la mañana no me resulta fácil), y no puedo comer con calma porque claro, desayunar pan con tofu no es normal: los que me conocen ya se han acostumbrado, pero los nuevos no, y tengo que estar respondiendo continuamente "no, es que en España desayuno pan con queso, pero como aquí queso de verdad no hay, pues lo he cambiado por tofu que se le parece en consistencia". Si ya es poco familiar para mí desayunar pan con tofu, mucho más tener que dar explicaciones de mi desayuno. Yo no les pregunto cómo son capaces de comer arroz por la mañana, o fideos, o lo que sea que desayunen (no he visto a nadie desayunar cereales a las horas a las que yo me levanto). Yo acepto que para ellos es familiar y es lo que hacen. Quizá si me disgusta un poco esa curiosidad, que en realidad seguramente no sea más que deseos de saber más o de iniciar una conversación, no de molestar, pero una por la mañana es más suceptible y prefiere desayunar tranquila, a su aire. Esto no es más que un simple ejemplo de la extrañeza que a todos nos invade aquí. Algunos están más acostumbrados, o bien porque se han mudado muchas veces, o porque sus padres son de sitios muy distintos, o porque ya han estudiado en el extranjero, o simplemente porque no les importa en absoluto: de esos también ha de haber.
Pero son estas pequeñas cosas las que consiguen que un ambiente resulte familiar y produzca esa sensación de "como en casa". Y aquí, son muy difíciles de encontrar.
12:30 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (3) | Envoyer cette note | Tags : Japón, Alienación, Reflexiones, Cultura
24.01.2008
Nieva sobre mojado
El frío no disminuye y la nieve ha sustituido a la llovizna que caía últimamente. Hoy he vuelto blanca a la seminar house. Pero además de las bajas temperaturas exteriores, también tengo frío interiormente. Como ya me pasó el primer cuatrimestre, estoy hasta arriba de Japón y el clima asqueroso que está haciendo no ayuda mucho. Mi hastío está llegando a máximos históricos y no veo manera de reconciliarme con Japón y conmigo misma esta vez. Ya estoy de vacaciones. Ya estoy harta de templos. No hay salvación ni refugio en las cafeterías: el café es tan malo que no hace más que ponerme de peor humor. Hoy fui a comprar un pan integral para la cena y cuando lo abro para tostar, descubro que tiene eso que aquí llaman, por una lejana similitud de ingredientes, "queso". Menos mal que pude salvar algo de la parte inferior del pan y no tiré totalmente a la basura los 189 yenes que me costó la bromita de un pan integral para cenar. Para variar, intenté comer en un italiano, pero la pasta estaba tan dura que era intragable, sólo había un plato sin carne y la ensalada que acompañaba mi set de pasta eran cuatro hojas de lechuga con mayonesa...En la carta no decía nada de mayonesa. Al menos podrían dignarse a traer el aliño por separado, pero ni eso. No volveré a cometer el error de buscar nada europeo en Japón. Es una burda imitación.
¡Pero hecho tanto de menos mi cultura! ¡Mi vida normal! ¡Un café decente, una manzana con sabor a manzana, pasta al dente, auténtica salsa de tomate, verduras de tamaño normal y sabor real, pan integral, auténtico queso! Un día de invierno por encima de los 4ºC, un sandwich sin mayonesa, andar por la calle sin jugarme la vida por culpa de las bicis y los coches, restaurantes que cierren sobre las cuatro -no a las dos de la tarde que es cuando empiezo a tener hambre-, una tarde (hasta ahora lo que tengo son mañanas y noches, de lo pronto que oscurece), poder ver una serie estúpida de la tele y entenderla y reírme de ella con fundamento, no por el absurdo que resulta ver a japoneses poniendo caras y diciendo cosas incomprensibles, un desayuno en el que pueda ver el sol por la ventana, no como estas de la cocina que son opacas y hay que tener todo el día la luz encendida ahora en invierno, escuchar Radio 3 en directo y no a base de bajarme los programas de la web, pasear por delante de los escaparates de las librerías y poder leer los títulos de los libros, tomarme una caña en un bar corriente y moliente, el sabor normal de la leche (sin azúcar añadido), poder comerme unas barritas de muesli o unas galletas porque existan en el supermercado, o yogures, y no esa cosa blanquecina que me revuelve el estómago,...Dios lo que daría por un kebab del Shawarma o un café en Caballerizas. Pero sobre todo, por sentirme en casa. Cómoda. En un lugar en el que al menos pinto un poco y no soy el bicho que come todo con pan en lugar de con arroz y palillos. Poca gente de la residencia mantiene su comida habitual, excepto por las tostadas con mantequilla de cacahuete: eso debe ser para los americanos como para mí es ahora el pan, el tomate, y el aceite de oliva. O Caro, el chocolate Milka que le envían sus padres cada mes. Pequeñas cosas sagradas que nos devuelven un poquito a "casa". Algo conocido, donde puedes relajarte.
¿Cómo puedo reconciliarme con Japón sino puedo encontrar en él nada familiar, nada reconocible? Lo que me resulta "reconocible", comparable a mi país, son las cosas que no me gustan: la superficialidad de la gente, las chicas y chicos superpuestos y superpintados, la pijería generalizada, el exceso de maquillaje, el exceso de disfraces diarios, la hipocresía que se encuentra, creo yo, en cualquier sociedad y que cualquiera reconocería, esa que aquí hasta tiene nombre.
Ya me sentía alien en España, pero aquí me siento un alien que ha sido capturado y encarcelado en una minúscula celda en el zoo de los aliens.
No, hoy no ha sido un día maravilloso. Y mañana, no creo que el asunto mejore. Estoy demasiado deprimida para eso.
12:57 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (5) | Envoyer cette note | Tags : Japón, Relfexiones, España, Alienación
22.01.2008
Reflexiones sobre Japón
Desde que estoy aquí estoy planteándome mi "identidad" como española, bueno no exactamente como española, sino mi identidad cultural en relación con otras identidades culturales. Mi cultura se puede definir como gallega, española, o europea, dependiendo de cómo nos pongamos de tiquismiquis con las diferencias, pero lo que está claro es que no soy japonesa, australiana, americana o china. Cuando paseo por Kyoto como estoy haciendo habitualmente ahora, giro la cabeza a todas partes intentando no perderme ningún detalle. Ya hay algunas cosas a las que estoy tan acostumbrada que ni las veo, pero intento ahora ser consciente de todo lo que me rodea más que nunca, porque veo que mi tiempo aquí se acaba y no me quiero perder nada. No puedo pasarme el día sacando fotografías de todo, así que intento registrarlo todo en mi mente y cuando me decido a que una foto es necesaria, la saco. Desgraciadamente, en el contacto diario con la gente, no hay foto que valga.
Hoy por ejemplo me han pasado dos cosas muy raras en el tren. Primero, estaba yo sentada tan tranquila y sumida en mis pensamientos volviendo a Makino, la estación más cercana a mi residencia, cuando una señora con una niña pequeña se mueven de su sitio para venirse a sentar a mi lado. Objetivo: molestar a la gaijin y que mi niña aprenda inglés. La niña en cuestión no debía de tener más de tres años y ni siquiera sabía japonés, ¿cómo iba a hablarme en inglés? La madre le decía unas palabras y la niña las repetía, como repetía todo lo que decía yo ya fuera en inglés o en japonés, y no dejaba de mirarme con sus ojos enormes. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí, me pregunté, cuando yo no soporto a los niños pequeños? Me salí del tren en cuanto pude para pillarme otro cualquiera y poder irme tranquila a casita. Pero el destino no me tenía deparado eso hoy. En el siguiente tren, un señor mayor se acercó a mi enseguida con un folio en la mano: eran tanka escritos por él en japonés con la traducción en inglés al lado. Quería que yo le corrigiera las traducciones al inglés. Y cuando le corregía algo, quería también que le explicara la gramática, cuando yo de términos japoneses de gramática se cero patatero. Intenté hacerlo lo mejor que pude. El segundo haiku hablaba de España, en concreto, de los cerdos ibéricos comiendo bellotas en los campos de Castilla (no es broma), y claro, le corregí "IBERIKO" por "Ibérico" y tal, y luego le dije que lo sentía mucho pero que yo no era una hablante nativa de inglés, sino que era española, así que no sabía muy bien si mis correciones estaban bien o no. Total, que fue decirle que era española, y se empezó a reír diciendo "claro, pro eso sabes cómo escribir ibérico", y contándome qué rico estaba el jamón ibérico, las aceitunas y el aceite de oliva, pero que los cerdos de Kyushu también estaban muy ricos...Si es que fue un poco surrealista. Eso sí, me dió mucho las gracias y en compensación por mis correcciones, me regaló una hoja con cuatro tanka suyos traducidos al inglés.
Luego al volver, para al fin cenar y relajarme un poco, hablé por primera vez con un chaval que acaba de llegar a la seminar house, que se puso a preguntarnos a Caro y a mí que cuánto tiempo llevábamos allí, cuáles eran nuestras sensaciones acerca de Kansai Gaidai y Japón, que era lo más divertido que habíamos hecho, y tal. Cuando le dije que mis sensaciones eran que había descubierto que Japón no me gustaba, se sorprendió y se puso a preguntarme por qué. Lo cierto es que no tengo una razón concreta, sino que como ya he comentado aquí se trata de todo este ambiente hipersuperficial, la importancia de las apariencias, las reglas estúpidas de la universidad, la gente mirándote en los trenes (o dándote la lata porque eres extranjera)...Sin embargo, él apenas había notado nada de eso. Y lleva aquí desde Agosto como yo. No lo entiendo. Otra cosa que dijo es que ahora que iba a cambiarse de homestay a la seminar house, pues que como la residencia era más como en su país (creo que no es americano, pero de un país de habla inglesa seguro, aunque no sé de cuál), pues que se sentía aún más como en casa. Yo sé que el hecho de que todo el mundo a tu alrededor aquí hable en tu idioma, en este caso en inglés, ayuda a sentirse en casa, y que eso no me pasa a mí, pero es que yo tampoco vivo en ningún ambiente similar en España. Le dije que yo en mi país vivía por mi cuenta en un apartamento compartido, nada de residencias, y se sorprendió de que "tan joven", ya viviera, digamos, por mi cuenta, aunque dependa económicamente de mis padres (claro que eso no se lo comenté directamente). Lo cierto es que sólo una de las personas con las que he hablado del tema vive más o menos independiente, como yo, no en una residencia, y volviendo a casa de vez en cuando (aunque no todas las vacaciones), y es un chico americano de unos 25. Los demás, en casita que se vive muy bien, o en una residencia rodeados de amigos, muchos estudiantes, profesores, y nunca demasiado lejos de casa. Bueno, y Susanne también vivía sola, pero también tenía 25. No he preguntado a los otros españoles, pero creo que en España esto de compartir piso y aprender lo que es alquilar un piso cuando estás en la universidad es mucho más común que en el resto de los países, al menos hasta donde mi experiencia me dice.
Eso tiene mucho que ver con la madurez de las personas y con que, por ejemplo, no se quejen de que las clases en la universidad parezcan de colegio de infantil con deberes para casa cada día, ni de las normas estúpidas y sin lógica (¿por qué he de hacer un check-out y un check-in para una semana, cuando llevo viviendo en la residencia ya cinco meses y mi habitación no va a cambiar? ¿por qué no voy a poder usar mi alacena en la cocina durante una semana, cuando la estoy usando ahora y la usaré de nuevo cuando se acabe la semana de orientación? ¿por qué necesito una tarjeta de estudiante distinta para el Fall Semester Winter Break, y el Spring Semester, cuando mi identidad y mi aspecto siguen siendo los mismos y mis datos también?), y con una falta de espítiru para buscarse las cosas por su cuenta, sacarse las castañas del fuego uno mismo, en lugar de estar preguntando al inmediatamente superior (en su mayoría, profesor o estudiante japonés, según el asunto). Cuando digo esto último estoy pensando en la escasez de recursos bibliográficos que veo usar a los no europeos especialmente, y a su nulidad en cuanto al uso de Google como herramienta de búsqueda de información aparte de la Wikipedia. En resumen, es una falta de independencia que da como consecuencia todo esto que he mencionado anteriormente y una mayor sumisión, por supuesto. Cada día noto más y más cómo la cultura y la educación cambian todo, y hasta que punto eso condiciona a las personas, a pesar de que cada una tenga sus diferencias personales. Me pregunto qué habría sido de mí como japonesa, o de un japonés como español. Me pregunto que pinto yo en todo esto, y hasta que punto estas diferencias culturales son importantes. Y hasta que punto las similitudes son similitudes, y en qué ayudan, si es que ayudan.
13:10 Publié dans Ensimismamientos | Lien permanent | Commentaires (3) | Envoyer cette note | Tags : Japón, Reflexiones, Cultura, España








