12.05.2008

Sólo decir

Sólo decir que estoy escribiendo como una loca y lo que menos me apetece es estudiar japonés, porque eso quiere decir que tendré los exámenes y estos se acabaran, pronto, mucho más pronto de lo que parece. Y además estoy disfrutando escribiendo estos ensayos. El de Murakami se está complicando más de lo previsto, creo que va para diecisiete páginas (que en realidad, es la longitud media de mis ensayos en Salamanca); y el de Hanagan, pues cómo no tengo ni idea de por dónde coger lo que nos ha mandado hacer cómo ensayo final y no me ha convencido nada la clase, muy poco al menos, voy a hablarle de cómo todas esas teorías más o menos bonitas acerca de cómo debe vivir el hombre en el fondo dicen lo mismo que han estado diciendo los poetas desde el principio de los tiempos, y cómo ellos lo dicen de una manera más hermosa, intuitiva, y fácil de comprender - o debería decir, "aprehender"- para las personas; cómo, también, se quedan más en nuestras mentes y todos nos sabemos versos de Manrique: "nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir...", o de Machado "caminante no hay camino se hace camino al andar", o de Calderón, Shakespeare, Pound, Coleridge,...y acabaré con Keats.

De todas maneras, quería también citar un poema de Pound que me ha costado siglos encontrar en la red:

The tree 

"I stood still and was a tree amid the wood,
Knowing the truth of things unseen before;
Of Daphne and the laurel bough
And that god-feasting couple old
That grew elm-oak amid the wold.
'Twas not until the gods had been
Kindly entreated, and been brought within
Unto the hearth of their hearts' home
That they might do this wonder thing;
Nathless I have been a tree amid the wood
And many a new thing understood
That was rank folly to my head before."

Seamos árboles un poquito, ne? 

11.03.2008

as time goes by

Hoy he quedado con Shoko, una de las pocas amigas japonesas que he hecho aquí en Kansai Gaidai, por penúltima vez. El viernes que viene se gradúa y se va a trabajar a Uniqlo, una empresa japonesa de tiendas de ropa, a Fukuoka, en Kyushu. Hemos quedado para despedirnos el martes que viene otra vez. Me da mucha pena, porque es muy maja y aunque pretendo ir a Kysuhu en un futuro no muy lejano y le haré una visita, pues me doy cuenta de cuánto tiempo ha pasado desde que la conocí en la cafetería de Kansai Gaidai. Eriko aun anda por aquí, aunque últimamente parece que ha estado enferma, pero vamos, que también llegará el momento en que me despediré de ella, así como del resto de Japón. Vaya, que pensamientos tan tristes. Mirad que estoy cansada de Japón, aunque ahora que ha llegado el buen tiempo y el solcito se está mejor; pero aún así lo que daría por estar en España, y sin embargo tampoco quiero dejar esto. Si es que me rayo por nada.

Pero ya ha llegado la primevera, han subido ligeramente las temperaturas y hace sol! ya no tengo que llevar cinco capas de ropa, se ha acabado el sacarse los guantes solo en casos de extrema necesidad, por fin puedo dejar los abrigos dentro del armario (o meterlos ya en la maleta para mayo). ¡Ha llegado el tiempo de los helados de té verde! 

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08.02.2008

Y tú, ¿por qué lees?

En la primera clase Modern Japanese Fiction el profesor nos hizo reflexionar preguntándonos: ¿por qué leer? Alumnos fueron levantando sus manos y respondiendo hasta que la pizarra se llenó con la siguiente lista de razones:

-Escapismo

-Entretenimiento

-Para descubrir nuevas perspectivas

-Para entrever otras realidades

-Para aumentar nuestro conocimiento

-Para descubrir otras culturas

-Para entender la cultura propia

-Para investigar posibilidades para el futuro

-Catharsis*

-Para recordar o descubrir la historia

-Para descubrir temas humanos universales

-Para ganar experiencia a través de la experiencia de los personajes

-Para reforzar el sentido de identidad

-Sentir emociones

-Para preservar las competencias lingüísticas

 

Primero quisiera comentar estas razones y luego, explicar las mías.

La razón escapista hace surgir nuevas preguntas, por ejemplo “¿de qué escapar?”, o “¿de qué sirve escapar?”. ¿Escapar de la realidad? ¿Acaso no muchas, sino casi todas las ficciones utópicas o distópicas no están, en lugar de escapando de la realidad, cuestionándola y señalando sus defectos? Claro que se puede escapar de la realidad en una novela realista, pero normalmente la gente no piensa en ese tipo de novelas cuando escuchamos la palabra “escapismo”. Suele relacionarse más con un paisaje idílico y unos hechos extraordinarios que se salen de lo cotidiano. Sin embargo, en una novela realista tal vez nos podamos escapar de la realidad que nos asfixia con mayor éxito, ya que al fin y al cabo la mayoría de las novelas que entendemos por “realistas” (de esto voy a hablar en la próxima entrada) están tan ordenadas y estructuradas que nos ofrecen una sensación tranquilizadora, optimista, de que las cosas pueden ordenarse también para nosotros. La ilusión de no estar tan inmersos en el caos que normalmente domina el día a día. Yo relaciono esta razón un poco con la más aristoteliana de la lista, catarsis. Quizá no sea un término muy familiar para vosotros, quizá si, no lo sé, pero por si acaso voy a tratar de explicarla un poco. La palabra katharsis significa “purificación, purga”, y aunque Aristóteles nunca llegó a explicar exactamente a qué se refería con el término, en general la idea es que para evitar que las emociones desborden al hombre, el arte sirve como expresión de esas emociones de modo que el hombre, al vivirlas a través del arte, las desahogue en cierto modo en ese momento, viviéndolas no tanto en sí mismo sino a través de la música, del teatro, de una novela…de modo que cuando termine, ya hayan vuelto las emociones en él a su flujo normal y además tenga una bonita sensación no ya de paz, sino de placer, por la belleza de lo que ha contemplado. Libera así toda tensión y asfixia en la tragedia que ha visto, o en la obra que ha leído, en lugar de permitir que las emociones lleguen a extremos insanos en su vida real y puedan afectarle de modo insano.  Se libera así de las ansiedades, al igual que en la función escapista, aunque quizá el escapismo requiera de cierta voluntad (“voy a leerme ese libro porque quiero olvidarme de este problema que me preocupa ahora durante un tiempo”), mientras que la catarsis es algo más bien inconsciente, una cualidad del arte en lugar de un deseo del que disfruta de él.*

El entretenimiento es el objetivo de gran parte de la literatura que se produce hoy en día: entretener a los lectores y ganar mucho dinero. Léase, “best sellers”. Sin embargo, muchos libros escritos sin ninguna pretensión, sino para entretener, se han convertido en grandes clásicos. El Quijote es una novela muy divertida (dicen aquellos que la han leído, no hablo por experiencia propia, todavía), las primeras novelas fueron también escritas no tanto para enseñar algo o alabar a alguien o mantener viva una historia sucedida hace mucho tiempo, como la literatura más antigua, sino para entretener a la burguesía y hacer dinero con la recién nacida industria del libro. Y sin embargo, han pasado a la Historia de la Literatura. Así que no despreciemos best sellers. Sus autores viven mejor que muchos de nosotros.

Sentir emociones. Sobre esto tengo mucho que decir más tarde. Por ahora, comentar que hay libros que inspiran emociones, seguramente la poesía y la música sirvan mucho más para ese propósito, pero que leer libros por las emociones que pueden despertar en uno es decir muy poco de la propia humanidad. Quizá, buscar sentir una emoción en particular como catarsis

Para preservar las competencias lingüísticas, ya no de cada uno, sino de la sociedad entera a base de “obligarla” a leer cosas no escritas en lenguaje sms o forero (de los foros de internet, que muchas veces es un idioma bastante ininteligible por muy español que sea). Triste pero cierto. Yo misma veo que desde que estoy más acostumbrada a leer en inglés que en español, cuando leo en español necesito el diccionario más que cuando leo en inglés, y ahora mismo, cuando estoy escribiendo en español, me vienen a la cabeza palabras en inglés y tengo que buscar su traducción en un diccionario online para poder escribirlas aquí en español y que me entendáis. Tengo la palabra en la boca, pero no me sale. Un poco por esa misma razón escribo cosas tan largas últimamente, para no olvidar mis competencias lingüísticas. Esta es una razón muy seria, aunque no lo parezca a simple vista.

A continuación vienen muchas razones en las cuales la palabra descubrir es fundamental. Ya sea un pedacito de sabiduría, o de otra cultura, o cosas que hemos olvidado de la nuestra propia, la función de “aprendizaje” de la literatura ha estado presente desde tiempos inmemoriales. No me refiero sólo a las moralejas de las fábulas de de La Fontaine, aunque este sea un ejemplo muy concreto, sino a algo mucho más amplio. Una de las respuestas fue “aprender de las experiencias de los personajes”, pero también de las experiencias del propio autor, que al fin y al cabo son las que suele reflejar con el conjunto de su novela, de modo más o menos simbólico, y son mucho más reales que las de cualquier personaje de ficción. En la clase hubo mucho comentario respecto al tema de la cultura –y a no sólo a las diferencias, sino también a las similitudes, a los temas humanos universales- ya que todos somos estudiantes de diferentes culturas estudiando una cultura que es muy distinta de la nuestra propia, a la vez que nos enfrentamos con una variedad a la que no estamos acostumbrados, aunque algunos tienen más experiencia que otros en este baño multicultural (por citar un ejemplo, hoy en las presentaciones que tuvimos que hacer en clase de japonés, nos enteramos de que uno de nuestros compañeros de clase tiene una novia japonesa a la que conoció en América, donde está ella ahora. Irónico, ¿no?). Y la cultura lleva al tema de la propia identidad, hasta que punto esta es cultural o no, y cómo en muchas de las novelas modernas y postmodernas, cuando el individuo como individuo se convirtió en lo más importante en el paronama filosófico (Kant ya dice mucho acerca del individuo y su autonomía, pero el Existencialismo fue la gota que colmó el vaso), el tema de la identidad es muy discutido y cuestionado.

Hay una razón que no he escrito en mi lista. Una chica americana de la que seguramente hablaré más adelante por lo desafortunado de sus intervenciones, afirmó que ella leía por “self-preservation”. Lo que pasa es que fue incapaz de explicar a qué se refería con ello. El profesor Berry intentó sacar algo de tan vaga sugerencia pero no había mucho de dónde coger nada, así que lo dejó como yo lo he dejado, aunque con una sonrisa que yo no lo habría dedicado a una chica tan…irresponsable. ¿De qué sirve una idea sino hay nada detrás de la palabra para sostenerla? En fin…volviendo al tema, pensando acerca de qué habría podido querer la niña con su “self-preservation”, ayer llegué a una conclusión que tal vez no sea ni de lejos lo que quiso decir.

Uno de mis profesores de Literatura Inglesa, en concreto, de tercero de carrera, nos dijo un día en clase algo iluminado: “Los hombres nacemos solos, vivimos solos, y morimos solos. Pero tenemos la poesía.” La poesía, la literatura (la música, el arte), siempre estará ahí en otra esfera diferente de la mortal, en la esfera de la Historia del Arte, de la tradición a la que Eliot se refería cuando decía que las nuevas obras debían ajustarse a ese Todo que conforma lo hecho anteriormente al mismo tiempo que ese Todo se ajusta a las novedades. El arte es eterno en ese aspecto, no es contingente como lo son nuestras vidas. Pasarán generaciones, como ya han pasado antes de que yo llegara al mundo, y siempre se podrá recurrir a Homero por muy lejano en el tiempo que parezca que esté, cuando quieras leerlo. El tiempo no afecta a las obras artísticas una vez que están dentro de ese Todo. Bueno, de eso ya hablé en mi post sobre la tradición para Eliot así que no voy a volver a entrar en ello. Para lo que ahora nos concierne, la Literatura nos devuelve un poco de la seguridad y confianza en nosotros mismos que perdemos en los vaivenes de esta vida tan complicada, porque siempre siempre está ahí cuando quieras recurrir a unos versos o unas líneas de tal o cual autor, porque te habla solo a ti a través de eones y de kilómetros de distancia sin que ello minimice su efecto. Nos acompaña en el camino. Mi profesor nos dijo “¡aprenderos poesías de memoria! ¿a qué estáis esperando?”, porque de esa manera estarán más que nunca siempre en nosotros, ya no con nosotros, y no dependeremos del soporte del libro para encontrar esa confianza que echamos de menos.  Ello nos ayuda a seguir viviendo, a no desesperar. Creo, también, por la cualidad catártica del Arte (con mayúsculas). Ello nos ayuda a preservar la sensación de nuestro yo, sea lo que sea el yo para cada uno.

Me pregunto si lo que quiso decir la chica esa sería algo semejante a esto, o sólo quería intervenir en clase.

Yo eché de menos una razón para leer. La Belleza. La Literatura, no sólo la Poesía, es hermosa (la que lleva mayúsculas). No creo que sea sólo cosa mía que me gusten las cosas bonitas, pero en el Arte busco algo mucho más allá de “bonito”: lo sublime. Es difícil definir lo que es sublime, ni siquiera sé si es una percepción de una realidad o más bien un sentimiento u emoción producido por las cualidades de una realidad. Lo más cercano a lo que puedo llegar a describir esto a lo que me refiero con la palabra sublime, es ese momento en el que, tras leer una página extraordinaria, no puedes sino cerrar los ojos,  bajar el libro, suspirar, y volver a leer inmediatamente ese pasaje. Ese pasaje es sublime. Me inclino un poco más por mi segunda sugerencia de definición, como sentimiento, por ello lo relaciono con la razón “sentir emociones”, y no hablé de esto antes. Pero en esa razón no había mención alguna a la Belleza, y por eso tenía que ponerlo aparte. La Belleza no es ninguna razón tonta, ya que muchos autores lo que buscan al escribir es la Belleza. Ya lo dijo Pound: “Incluso en sueños te has negado a mí / y me has enviado tan sólo a tus doncellas”. Que la busquen no es que la consigan, aunque creo que la mayoría subestima sus logros.

Cuando la primera chica en contestar dijo “escapismo”, lo que se me vino a la mente fue “buscar”. Nada de huir, sino de perseguir: la sabiduría y la belleza, a través de emociones, de nuevas perspectivas de la mano de las palabras de los autores, de las ventanitas en otros mundos que son los libros. La sabiduría no se puede enseñar, pero los pequeños conocimientos que nos ofrecen en cada libro ayuda a que nos demos cuenta del camino.

¡Hay tantas cosas dentro de un libro! ¿Cómo elegir una, dos o siquiera tres como razones para leer?

*Señalar, como dato divertido, que fue un europeo, en concreto un alemán, el que mencionó a Aristóteles. Los americanos dieron razones mucho más personales, subjetivas. El profesor también pareció un poco sorprendido de la mención a Aristóteles.

04.02.2008

La "tradición" según T.S. Eliot

No lo escribí ayer como prometí, porque me dejaron sin Internet en la residencia. Pero no perdono, dije que comentaría qué era la tradición según T.S Eliot, para quienes no le conozcais, uno de los poetas más importantes de la primera mitad del siglo XX, autor de la maravillosa y muy recomendable La Tierra Baldía (The Wasteland). En otros posts ya he hablado de él, hace muchos muchos meses. Buscad en las categorías de Filología o Ensimismamientos si queréis saber un poquito más del tema.

 

Veamos. Eliot, que explica el término en su texto titulado Tradition and the Individual Talent, y aunque se centra más en la tradición literaria que en otros tipos de tradición, lo que él dice puede ser muy bien trasladado a otros ámbitos más allá de la literatura. Los problemas son básicamente los mismos, y las tendencias se repiten. Los problemas radican en saber qué es la tradición y qué hacer con ella.

 

Eliot empieza comentando que normalmente la palabra “tradicional” tiene unas connotaciones negativas para el público. “Tradición” suena a algo muy antiguo, rebuscado, oxidado. Hoy en día, como en su día, a lo que se da valor en la obra de un poeta es a la novedad que él supone en contraste con el resto del panorama literario. Se buscan sus características únicas que le diferencian de todos los demás, y es a eso y sólo a eso a lo que se le da un valor artístico positivo, como si a través de esas particularidades tan distintivas por originales se escondiera la personalidad del artista. Eliot rebate esta teoría diciendo que el hecho de que un artista transmita el arte y el conocimiento de los antiguos maestros de la poesía puede ser igualmente una característica peculiar que diga mucho más de su personalidad que las originalidades del escritor. Este argumento, en un momento en el que la novedad es fundamental, si un artista quisiese innovar a base de volver atrás, a la tradición, eso seguramente diga mucho más del artista como tal que cualquier novedad de otro artista loco por destacarse a sí mismo por original hasta llegar al absurdo.

 

Ahora me voy a permitir traducir un párrafo de Eliot, porque él lo expresa con mayor claridad de la que yo puedo llegar a aspirar:

 

Pero si la única forma de tradición, de herencia, consistiera en imitar las formas de la generación inmediatamente anterior a la nuestra, por querer formar parte ciega y tímidamente de sus éxitos, la “tradición” deber ser sin duda desaconsejada. Hemos presenciado ya muchos ejemplos de corrientes así de simples que se han perdido en las arenas; y la novedad siempre es mayor que la repetición. La “tradición” es un concepto con un significado mucho más amplio. No puede ser heredada, y si la quieres conseguir sólo la podrás obtener con mucho esfuerzo. Supone, en primer lugar, un sentido histórico, que podríamos decir que es prácticamente indispensable para cualquiera que quiera seguir siendo un poeta más allá de sus veinticinco años; y este sentido histórico conlleva la habilidad de percibir no sólo la antigüedad del pasado, pero también su presencia; el sentido histórico hace que el hombre no escriba tan sólo con su propia generación en sus huesos, sino con la sensación de que toda la literatura de Europa desde Homero y con ella toda la literatura de su propio país, tienen una existencia simultánea y conforma un todo ordenado simultáneo. Este sentido histórico, que es el sentido de lo eterno al mismo tiempo que de lo temporal y de lo eterno y de lo temporal unidos, es lo que hace a un escritor tradicional. Y es al mismo tiempo lo que hace que un escritor sea muy  consciente de su lugar en el tiempo, de su contemporaneidad.”

 

Considero especialmente importante la parte dedicada al “sentido histórico”. Y me gusta mucho más ese término que el manoseado y tergiversado “memoria histórica”, que tanto gustan de usar en España últimamente, cada uno poniendo su propio interés político en el término. La Historia es la cuestión, claramente. Ser conscientes de ella y no obviarla, es fundamental para poder enfrentarse al presente, y por consiguiente, al futuro. No es la tradición algo que coger del baúl de los recuerdos y copiarlo hasta la saciedad, como muy bien critica Eliot en sus primeras líneas. Ya hablé en el post anterior de la necesidad de ser capaces de cuestionarse el pasado y de criticarlo en positivo y en negativo, de analizarlo. Pero para eso hay que conocerlo, claro. La Historia no viene implantada en nuestras cabezas, y no sirve de nada aprobar en el Parlamento leyes por la “memoria histórica” sino se enseña a la gente desde las instituciones básicas de la educación en un país desarrollado, es decir, el colegio. Yéndome un poco del tema, centrándome en esto último que he estado diciendo, tengo que decir que no llegué a dar absolutamente nada acerca de la Guerra Civil Española hasta segundo de Bachillerato. No sé que hay de bueno el mantener el silencio y la ignorancia, de verdad. Fuera de España lo estudian mucho más abiertamente y creo sinceramente que Caro, mi compañera de habitación alemana, sabe mucho más de la Guerra Civil Española que yo.

 

T.S. Eliot continúa diciendo que “ningún poeta, ni ningún artista de ningún arte, tiene su significado completo en soledad”. Quiere decir, sin compararlo con un modelo del que forma parte. Todos formamos parte de un todo más grande, en general la sociedad, la cultura, la historia. El poeta, contra su generación artística y todas las anteriores que ha habido antes que él. Él, por sí mismo, no vale nada; bueno, simplemente es que no se puede saber su valor si no hay nada ni nadie contra el que valorarlo. Sabemos que este plato de spaghettis es bueno porque sabemos cómo es uno peor, pero también cómo de rico está uno mejor. Nadie vive sin comparar las cosas que experimenta con las ya experimentadas: de ahí sale el conocimiento que tenemos a partir de la experiencia, de la vida. Así con el poeta y sus novedades literarias, así con las novedades culturales, tecnológicas o sociales que surgen cada día. No es aceptar lo nuevo por la novedad ni adorar lo antiguo por su antigüedad. La capacidad de discernimiento es cada vez más y más fundamental para vivir en el mundo, ya que cada vez el pasado, la historia, es más grande, y las novedades son más y más también al ritmo al que se desarrolla el futuro.

 

La parte más importante del texto, en mi opinión, viene ahora. Eliot defiende lo que ya he empezado ha hacer en el párrafo anterior: que comparar a un artista para valorarlo no significa despreciarlo en relación a los artistas del pasado, ni tampoco despreciar la tradición artística. Como dice en el párrafo traducido, la tradición forma un todo ordenado y simultáneo en el que el tiempo no tiene importancia en sí, pero que gracias a ella un individuo puede conocer su lugar en él. Lo nuevo entra dentro de ese Todo, pues todo lo presente será pasado más pronto que tarde, y la novedad influirá y cambiará ligeramente el orden de ese Todo, ambos adaptándose unos a otros: la novedad a la tradición, la tradición a la novedad. La tradición y la historia no son algo estático y permanente, sino que se van reescribiendo por la propia naturaleza de las cosas, que es temporal. Todos los días hay nueva historia y todos los días hay nueva tradición, cuando el sol se pone, dan las doce de la noche y nace un nuevo día.

 

Por supuesto, mirar hacia atrás con sólo un día, o dos, de distancia, no es suficiente separación para darse cuenta de la historicidad de lo que estemos mirando, de su posición dentro de la tradición. Está demasiado cercano para analizarlo como parte de ese Todo del que Eliot habla. De ahí que la frase “el tiempo pone todo en su lugar” sea tan común. El tiempo aquí parece cobrar personalidad: la tradición es atemporal, pero dentro de ella el tiempo es fundamental.

 

Luego Eliot empieza a tratar temas más centrados en el arte y en particular en la literatura, léase el talento del que habla el título del texto en el que Eliot comenta su noción de “tradición”. Esa parte ya no es tan trasladable al tema que nos ocupa, excepto por la cuestión de cómo valorar a un nuevo artista (pudiendo ser esto traducido al ámbito no literario como cualquier innovación que nos preocupe), pero ya he comentado bastante sobre ello y este post se está convirtiendo casi casi en un ensayo demasiado largo para postear en un blog, así que no me voy a extender mucho más.

 

Sólo añadir unas líneas más citando (y traduciendo) a Eliot:

Algunos dicen: ‘Los artistas del pasado están muy alejados de nosotros porque nosotros sabemos tanto mucho más que ellos.’Precisamente, y ellos son eso que nosotros sabemos.

29.01.2008

Shocks Culturales

Tras la fase inicial de fascinación por la novedad de la situación, creo que se nota que me ha llegado el momento del shock cultural. Supongo que, como ya me parece que no soy una simple turista en Japón, estando de paso, sino que me siento que realmente estoy viviendo aquí por primera vez, es cuando empieza a afectarme el tema de las diferencias culturales. En mi anterior post hablé del sentirme alien y del sentirme es casa, pero creo que debo matizar lo que entonces dije.

"Casa" no es un lugar. "Casa", en realidad, no existe. "Casa" designa nada más un sentimiento que en ciertas ocasiones tengo: "ahora me siento como en casa", y puedo estar en una cafetería, en un parque, en la calle. El lugar no es lo importante, lo fundamental son las condiciones que rodean ese momento en que estoy "en casa". La mayor parte de las veces tiene más que ver con la atmósfera y con la gente con la que estoy que con el sitio en concreto. Por ello, no estoy echando de menos Vigo, Salamanca, o España, estoy echando de menos la cultura con la que he crecido, que quizá en mi orgullo creo que puedo llamar "europea", y lo cierto es que mi experiencia aquí así me lo dicta. Tengo mucho más en común con los europeos que con la gente de cualquier otro país, y más con gente de Alemania, Italia, Francia, etc., que con gente española con la que no he trabado una amistado como si he hecho con gente de los paises antes mencionados. A pesar de la dichosa globalización, o de la influencia de la cultura americana en el resto del mundo, ello no me acerca más a la gente no europea. Puede que yo a ellos no les resulte tan extraña como ellos a mí, ya que conozco muchas de las referencias que hacen aunque no todas: sin embargo, las que yo hago les resultan desconocidas, nuevas, y por ello el abismo parece más grande desde mi lado del precipicio. Por primera vez me estoy dando cuenta de que hay cierta identidad europea, a pesar de que cada país dentro del continente tenga también sus notables diferencias. 

 Retomemos lo de "casa". Es un sentimiento que se produce cuando a tu alrededor se encuentran cosas reconocibles, que puedes reencontrar en tu memoria y no resultan una novedad a tus ojos. En un ambiente que reconoces, te sientes más cómodo, menos tenso, te relajas. No tienes que hacer nada especial para que esa atmósfera te acepte porque en el fondo siempre ha estado un poquito dentro de ti, y por eso te suena. No tienes que racionalizar ese punto del espacio-tiempo, sólo tienes que estar ahí. El momento y el lugar te dan la bienvenida siempre, están siempre abiertos, o eso parece, a ti. Entonces es cuando estás en casa. Normalmente ese sentimiento se corresponde con lo que se siente al estar en tu hogar familiar, ya que es donde uno se ha criado y por lo tanto hay más cosas reconocibles a la memoria, y no hay duda de que todo te va a sonar, te va a resultar "familiar". Como cuando vuelvo a casa después de estar en Salamanca y veo que mi madre ha cambiado la disposición del salón. Esa novedad convierte a mi hogar en algo menos reconocible de lo que normalmente es, aunque siempre haya algo que puedo reconocer en todo ello porque los cambios, hasta el momento, nunca han sido radicales. Recuerdo la primera y única vez que cambié mi habitación: me costó mucho acostumbrarme a ella y encotrarme en ella como "en casa". Aún recuerdo los lugares-refugio que usaba de pequeña y los echo de menos. No tengo nada semejante en mi nueva habitación a pesar de que ya tiene varios años. Lo mismo, cada año nuevo en Salamanca tengo que acostumbrarme a un nuevo apartamento, tengo que intentar sentirlo familiar, y normalmente solo lo consigo con mi habitación, porque paso mucho tiempo en ella y porque la decoro a mi manera, o en la cocina, donde también paso mucho tiempo. El resto de la casa siempre es extraña. Cuando hay más gente conmigo no importa, pero si estoy sola, me da miedo. 

El sentimiento de que algo es familiar, reconocible, es en realidad uno de los más poderosos que afectan a las personas. En los géneros del miedo y el terror juegan mucho con el tema: la peor pesadilla se esconde debajo de la cama, en la oscuridad del pasillo de tu casa, en los lugares que normalmente son tu "casa", lugares muy normales, de pronto irrumpe una presencia no tan normal, no reconocible: o aún peor, es reconocible, pero ha cambiado y posee algo extraño que no debería estar ahí. De repente tu peor pesadilla está mucho más cerca de ti de lo que podías haber imaginado. El miedo nunca viene de algo externo, sino de dentro, muy dentro. O al menos, el miedo que asusta de verdad. Si los zombies invaden una ciudad, la película no es de miedo, es de acción. Pero si la niñera se convierte en un peligro para tu familia, eso sí que da miedo. ¿Qué os ha dado más miedo, Resident Evil o La mano que mece la cuna?

Tras divagar sobre el miedo (es que la literatura gótica me gusta mucho), regreso al hilo central de esta entrada. Japón no me da miedo. Primero, porque es un país muy seguro comparado con España, segundo, porque es externo, extraño ya de por sí, y no hay nada en ello que me pueda dar miedo. Pero obviamente, no me siento como en casa, no encuentro ninguna atmósfera reconocible en la que me pueda relajar y sentir cómoda. En todo momento me siento como forzada a buscarle un sentido a la situación, a que la situación me acepte, debo pensar qué he de hacer, decir o pensar, porque todo es extraño y ninguna de mis pautas normales de comportamiento parecen cuadrar bien aquí. Me siento un poquito más en casa en mi habitación de la resi, con Caro, con David, con la gente de la resi que ya conozco del cuatrimestre pasado. Pero encontrarme cada día con gente nueva invadiendo "mi cocina" (que no es mía, pero la siento así porque ya estoy acostumbrada más o menos a ella, y en ella me puedo relajar sino hay gente extraña que la haga más extraña de lo que es de por sí), no es que me disguste, porque conocer gente nueva puede ser muy interesante, pero de repente ya no me puedo relajar, ya estoy incómoda. De pronto tengo que pensar en inglés (y creedme, a las 7 y media de la mañana no me resulta fácil), y no puedo comer con calma porque claro, desayunar pan con tofu no es normal: los que me conocen ya se han acostumbrado, pero los nuevos no, y tengo que estar respondiendo continuamente "no, es que en España desayuno pan con queso, pero como aquí queso de verdad no hay, pues lo he cambiado por tofu que se le parece en consistencia". Si ya es poco familiar para mí desayunar pan con tofu, mucho más tener que dar explicaciones de mi desayuno. Yo no les pregunto cómo son capaces de comer arroz por la mañana, o fideos, o lo que sea que desayunen (no he visto a nadie desayunar cereales a las horas a las que yo me levanto). Yo acepto que para ellos es familiar y es lo que hacen. Quizá si me disgusta un poco esa curiosidad, que en realidad seguramente no sea más que deseos de saber más o de iniciar una conversación, no de molestar, pero una por la mañana es más suceptible y prefiere desayunar tranquila, a su aire.  Esto no es más que un simple ejemplo de la extrañeza que a todos nos invade aquí. Algunos están más acostumbrados, o bien porque se han mudado muchas veces, o porque sus padres son de sitios muy distintos, o porque ya han estudiado en el extranjero, o simplemente porque no les importa en absoluto: de esos también ha de haber. 

Pero son estas pequeñas cosas las que consiguen que un ambiente resulte familiar y produzca esa sensación de "como en casa".  Y aquí, son muy difíciles de encontrar.

24.01.2008

Nieva sobre mojado

El frío no disminuye y la nieve ha sustituido a la llovizna que caía últimamente. Hoy he vuelto blanca a la seminar house. Pero además de las bajas temperaturas exteriores, también tengo frío interiormente. Como ya me pasó el primer cuatrimestre, estoy hasta arriba de Japón y el clima asqueroso que está haciendo no ayuda mucho. Mi hastío está llegando a máximos históricos y no veo manera de reconciliarme con Japón y conmigo misma esta vez. Ya estoy de vacaciones. Ya estoy harta de templos. No hay salvación ni refugio en las cafeterías: el café es tan malo que no hace más que ponerme de peor humor. Hoy fui a comprar un pan integral para la cena y cuando lo abro para tostar, descubro que tiene eso que aquí llaman, por una lejana similitud de ingredientes, "queso". Menos mal que pude salvar algo de la parte inferior del pan y no tiré totalmente a la basura los 189 yenes que me costó la bromita de un pan integral para cenar. Para variar, intenté comer en un italiano, pero la pasta estaba tan dura que era intragable, sólo había un plato sin carne y la ensalada que acompañaba mi set de pasta eran cuatro hojas de lechuga con mayonesa...En la carta no decía nada de mayonesa. Al menos podrían dignarse a traer el aliño por separado, pero ni eso. No volveré a cometer el error de buscar nada europeo en Japón. Es una burda imitación.

¡Pero hecho tanto de menos mi cultura! ¡Mi vida normal! ¡Un café decente, una manzana con sabor a manzana, pasta al dente, auténtica salsa de tomate, verduras de tamaño normal y sabor real, pan integral, auténtico queso! Un día de invierno por encima de los 4ºC, un sandwich sin mayonesa, andar por la calle sin jugarme la vida por culpa de las bicis y los coches, restaurantes que cierren sobre las cuatro -no a las dos de la tarde que es cuando empiezo a tener hambre-,  una tarde (hasta ahora lo que tengo son mañanas y noches, de lo pronto que oscurece), poder ver una serie estúpida de la tele y entenderla y reírme de ella con fundamento, no por el absurdo que resulta ver a japoneses poniendo caras y diciendo cosas incomprensibles, un desayuno en el que pueda ver el sol por la ventana, no como estas de la cocina que son opacas y hay que tener todo el día la luz encendida ahora en invierno, escuchar Radio 3 en directo y no a base de bajarme los programas de la web, pasear por delante de los escaparates de las librerías y poder leer los títulos de los libros, tomarme una caña en un bar corriente y moliente, el sabor normal de la leche (sin azúcar añadido), poder comerme unas barritas de muesli o unas galletas porque existan en el supermercado, o yogures, y no esa cosa blanquecina que me revuelve el estómago,...Dios lo que daría por un kebab del Shawarma o un café en Caballerizas. Pero sobre todo, por sentirme en casa. Cómoda. En un lugar en el que al menos pinto un poco y no soy el bicho que come todo con pan en lugar de con arroz y palillos. Poca gente de la residencia mantiene su comida habitual, excepto por las tostadas con mantequilla de cacahuete: eso debe ser para los americanos como para mí es ahora el pan, el tomate, y el aceite de oliva. O Caro, el chocolate Milka que le envían sus padres cada mes. Pequeñas cosas sagradas que nos devuelven un poquito a "casa". Algo conocido, donde puedes relajarte. 

¿Cómo puedo reconciliarme con Japón sino puedo encontrar en él nada familiar, nada reconocible? Lo que me resulta "reconocible", comparable a mi país, son las cosas que no me gustan: la superficialidad de la gente, las chicas y chicos superpuestos y superpintados, la pijería generalizada, el exceso de maquillaje, el exceso de disfraces diarios, la hipocresía que se encuentra, creo yo, en cualquier sociedad y que cualquiera reconocería, esa que aquí hasta tiene nombre.

Ya me sentía alien en España, pero aquí me siento un alien que ha sido capturado y encarcelado en una minúscula celda en el zoo de los aliens.

No, hoy no ha sido un día maravilloso. Y mañana, no creo que el asunto mejore. Estoy demasiado deprimida para eso. 

22.01.2008

Reflexiones sobre Japón

Desde que estoy aquí estoy planteándome mi "identidad" como española, bueno no exactamente como española, sino mi identidad cultural en relación con otras identidades culturales. Mi cultura se puede definir como gallega, española, o europea, dependiendo de cómo nos pongamos de tiquismiquis con las diferencias, pero lo que está claro es que no soy japonesa, australiana, americana o china. Cuando paseo por Kyoto como estoy haciendo habitualmente ahora, giro la cabeza a todas partes intentando no perderme ningún detalle. Ya hay algunas cosas a las que estoy tan acostumbrada que ni las veo, pero intento ahora ser consciente de todo lo que me rodea más que nunca, porque veo que mi tiempo aquí se acaba y no me quiero perder nada. No puedo pasarme el día sacando fotografías de todo, así que intento registrarlo todo en mi mente y cuando me decido a que una foto es necesaria, la saco. Desgraciadamente, en el contacto diario con la gente, no hay foto que valga.

 

 Hoy por ejemplo me han pasado dos cosas muy raras en el tren. Primero, estaba yo sentada tan tranquila y sumida en mis pensamientos volviendo a Makino, la estación más cercana a mi residencia, cuando una señora con una niña pequeña se mueven de su sitio para venirse a sentar a mi lado. Objetivo: molestar a la gaijin y que mi niña aprenda inglés. La niña en cuestión no debía de tener más de tres años y ni siquiera sabía japonés, ¿cómo iba a hablarme en inglés? La madre le decía unas palabras y la niña las repetía, como repetía todo lo que decía yo ya fuera en inglés o en japonés, y no dejaba de mirarme con sus ojos enormes. ¿Por qué me tiene que pasar esto a mí, me pregunté, cuando yo no soporto a los niños pequeños? Me salí del tren en cuanto pude para pillarme otro cualquiera y poder irme tranquila a casita. Pero el destino no me tenía deparado eso hoy. En el siguiente tren, un señor mayor se acercó a mi enseguida con un folio en la mano: eran tanka escritos por él en japonés con la traducción en inglés al lado. Quería que yo le corrigiera las traducciones al inglés. Y cuando le corregía algo, quería también que le explicara la gramática, cuando yo de términos japoneses de gramática se cero patatero. Intenté hacerlo lo mejor que pude. El segundo haiku hablaba de España, en concreto, de los cerdos ibéricos comiendo bellotas en los campos de Castilla (no es broma), y claro, le corregí "IBERIKO" por "Ibérico" y tal, y luego le dije que lo sentía mucho pero que yo no era una hablante nativa de inglés, sino que era española, así que no sabía muy bien si mis correciones estaban bien o no. Total, que fue decirle que era española, y se empezó a reír diciendo "claro, pro eso sabes cómo escribir ibérico", y contándome qué rico estaba el jamón ibérico, las aceitunas y el aceite de oliva, pero que los cerdos de Kyushu también estaban muy ricos...Si es que fue un poco surrealista. Eso sí, me dió mucho las gracias y en compensación por mis correcciones, me regaló una hoja con cuatro tanka suyos traducidos al inglés.

 

Luego al volver, para al fin cenar y relajarme un poco, hablé por primera vez con un chaval que acaba de llegar a la seminar house, que se puso a preguntarnos a Caro y a mí que cuánto tiempo llevábamos allí, cuáles eran nuestras sensaciones acerca de Kansai Gaidai y Japón, que era lo más divertido que habíamos hecho, y tal. Cuando le dije que mis sensaciones eran que había descubierto que Japón no me gustaba, se sorprendió y se puso a preguntarme por qué. Lo cierto es que no tengo una razón concreta, sino que como ya he comentado aquí se trata de todo este ambiente hipersuperficial, la importancia de las apariencias, las reglas estúpidas de la universidad, la gente mirándote en los trenes (o dándote la lata porque eres extranjera)...Sin embargo, él apenas había notado nada de eso. Y lleva aquí desde Agosto como yo. No lo entiendo. Otra cosa que dijo es que ahora que iba a cambiarse de homestay a la seminar house, pues que como la residencia era más como en su país (creo que no es americano, pero de un país de habla inglesa seguro, aunque no sé de cuál), pues que se sentía aún más como en casa. Yo sé que el hecho de que todo el mundo a tu alrededor aquí hable en tu idioma, en este caso en inglés, ayuda a sentirse en casa, y que eso no me pasa a mí, pero es que yo tampoco vivo en ningún ambiente similar en España. Le dije que yo en mi país vivía por mi cuenta en un apartamento compartido, nada de residencias, y se sorprendió de que "tan joven", ya viviera, digamos, por mi cuenta, aunque dependa económicamente de mis padres (claro que eso no se lo comenté directamente). Lo cierto es que sólo una de las personas con las que he hablado del tema vive más o menos independiente, como yo, no en una residencia, y volviendo a casa de vez en cuando (aunque no todas las vacaciones), y es un chico americano de unos 25. Los demás, en casita que se vive muy bien, o en una residencia rodeados de amigos, muchos estudiantes, profesores, y nunca demasiado lejos de casa. Bueno, y Susanne también vivía sola, pero también tenía 25. No he preguntado a los otros españoles, pero creo que en España esto de compartir piso y aprender lo que es alquilar un piso cuando estás en la universidad es mucho más común que en el resto de los países, al menos hasta donde mi experiencia me dice.

 

Eso tiene mucho que ver con la madurez de las personas y con que, por ejemplo, no se quejen de que las clases en la universidad parezcan de colegio de infantil con deberes para casa cada día, ni de las normas estúpidas y sin lógica (¿por qué he de hacer un check-out y un check-in para una semana, cuando llevo viviendo en la residencia ya cinco meses y mi habitación no va a cambiar? ¿por qué no voy a poder usar mi alacena en la cocina durante una semana, cuando la estoy usando ahora y la usaré de nuevo cuando se acabe la semana de orientación? ¿por qué necesito una tarjeta de estudiante distinta para el Fall Semester Winter Break, y el Spring Semester, cuando mi identidad y mi aspecto siguen siendo los mismos y mis datos también?), y con una falta de espítiru para buscarse las cosas por su cuenta, sacarse las castañas del fuego uno mismo, en lugar de estar preguntando al inmediatamente superior (en su mayoría, profesor o estudiante japonés, según el asunto). Cuando digo esto último estoy pensando en la escasez de recursos bibliográficos que veo usar a los no europeos especialmente, y a su nulidad en cuanto al uso de Google como herramienta de búsqueda de información aparte de la Wikipedia. En resumen, es una falta de independencia que da como consecuencia todo esto que he mencionado anteriormente y una mayor sumisión, por supuesto. Cada día noto más y más cómo la cultura y la educación cambian todo, y hasta que punto eso condiciona a las personas, a pesar de que cada una tenga sus diferencias personales. Me pregunto qué habría sido de mí como japonesa, o de un japonés como español. Me pregunto que pinto yo en todo esto, y hasta que punto estas diferencias culturales son importantes. Y hasta que punto las similitudes son similitudes, y en qué ayudan, si es que ayudan. 

18.01.2008

Pound Pound Pound

Ayer, tras la turbulenta llegada de David, nos fuimos a dar una vuelta por Kyoto ya que es allí donde se va a quedar los próximos días hasta que las Seminar House vuelvan a abrir sus puertas a los nuevos estudiantes. En Shijo, que es la principal zona comercial de la ciudad después de los grandes almacenes de Kyoto Station, nos encontramos con una librería de cuatro plantas en la que también había libros en inglés. No demasiados, por desgracia, pero sí que encontré auténticas joyas entre ellos. Por ejemplo, Early Writings. Poems and Prose de mi adorado Ezra Pound. Al fin puedo tener un libro suyo (no era demasiado caro, ya no me voy a Hokkaido, y además en España no lo he visto y seguro que me sale más caro), leer algunos de mis poemas favoritos aquí desde Japón (ya que Pound aún está en copyright en su mayor parte en los Estados Unidos, por lo que no es demasiado fácil encontrar poemas suyos en la red, al menos, no todos lo que a mi me gustaría), y también muchos de sus ensayos, algunos de los cuales ya había leído, pero otros no.

Pound, no sé cómo lo hace, pero siempre toca unas cuerdas milagrosas en mí y saca a la superficie mi amor por la poesía, que sufre hibernaciones cuando estoy demasiado ocupada como para pensar. Me devuelve a la vida, vamos. Apenas he empezado a leer y releer algunas de sus palabras y ya me he puesto a traducir al español la antología japonesa de Cien Poemas de Cien Poetas de la que hablé hace unos pocos post. Y no a traducir libremente como me parece para que se entienda el significado de las palabras en japonés, no es esa clase de traducción. Se trata de una traducción a lo Pound. Lo importante no es mantener las líneas del original, su rima (bueno en japonés no la tiene), su significado palabra por palabra, literal. Todo lo contrario, se trata de traspasar la poesía del poema a otra lengua usando los recursos de esa lengua, no tratando de imitar al original, mucho menos cuando se trata de una lengua y una poesía tan distinta como es la japonesa. Cuando tenga algunos de mis bocetos de traducciones más trabajados, a lo mejor me atrevo a poner alguno. De momento, sólo es un anuncio. Es una pena no disponer de más tiempo para dedicarme a traducir. La verdad, es lo que más me apetece ahora. Pero hoy, tras pasear por Kyoto otra vez y visitar templos y andar y andar, estoy tan cansada que no puedo sino irme a dormir próximamente. Tal vez leer algo. Todavía soy capaz de algún esfuerzo intelectual a pesar del cansancio, pero mi hombro se resentiría del esfuerzo de escribir, así que va a ser que no.

Bueno, mañana me voy a revisar las tiendas de segunda mano de música y ropa de Osaka. ¡En busca del disco perdido! ¿Os habéis enterado de que ya pronto saldrá la nueva película de Indiana Jones? Se supone que en mayo o así, claro que no sé si lo que he leído es para Japón sólo o para el resto del mundo también...Eso sí, en el cartel, Harrison Ford aparece tan jovencito como en los anteriores, de hecho, parece una transposición de su imagen de otro cartel a otro fondo diferente hecha con Photoshop. Muy mal. Claro que para el marketing de la película, pues a lo mejor un Ford canosillo anunciándola no queda tan atractivo...

 

14.01.2008

Goodreads, Facebook y tiendas de segunda mano en Shinsaibashi

Aquí estoy de nuevo escribiendo. Como tantas otras veces, no es que tenga algo especial que contar, sólo...ganas de escribir y tiempo para hacerlo. Quizá porque he estado leyendo mucho y escuchando mucha música estos días, eso es de lo que principalmente voy a hablar.

Hay tantos libros que leer. Hace no mucho una amiga americana de Kansai Gaidai, Mónica, me envió un mail para que me afiliara a Goodreads, una página al estilo Facebook (seguramente mucho no la conozcais, pero en América es un auténtico fenómeno social, y en Kansai Gaidai por lo tanto, también. La mayoría de los no americanos que no conocían Facebook tienen ahora su paginilla, los japoneses también, y sin coñas, sale en los periódicos y hasta en el New York Times hablan, tal vez con un poco de cachondeo eso sí, de la Generación Facebook) en la que te registras como usuario y creas tu perfil referente a los libros que has leido, estas leyendo o te gustaría leer, haces comentarios, contactas con gente interesada en los mismos libros que tú, hay grupos de lectura, etc...un sitio para una sociedad literaria que ocupa muy poco espacio y reúne a gente de todas partes. Algo similar con las películas puede decirse de Filmaffinity, un lugar también por otro lado recomendable para buscar reseñas y opiniones de películas, ya que puedes leer tantas distintas de la gente que ha querido aportar algo suyo, que al final te puedes hacer una idea bastante aproximada de la película que querías consultar. Facebook es algo similar, pero mucho más personal, ya que simplemente cuelgas fotos en él. He notado que los americanos lo usan principalmente para mantenerse en contacto con sus amigos en casa, así como hago yo con el blog, pues también puedes escribir pequeñas entradas, pero está más centrado en el apartado de las fotos. Contactas con gente también, y hay grupos, muchos por ejemplo tiene un grupo para su High School (léase instituto), o otras asociaciones creadas previamente a la existencia de Facebook, o directamente nacidas en la web. Yo no tengo Facebook, un poco por llevar la contraria, ya que era un coñazo estar oyendo hablar de Facebook todo el rato, de ver a todo dios en la sala de ordenadores de Kansai Gaidai a la gente pegada al Facebook, mandándose cosas absurdas y jugando a juegos aún más absurdos a través de Facebook (vamos, a gente perdiendo el tiempo delante de la pantalla cuando yo necesitaba el ordenador para algo útil y no había sitio libre...), y también de que todo el mundo dijera "Oh, ¿quieres mis fotos? (de un field trip, de un paseo por Osaka con mis amigos, de lo que fuera) Pues míralas en Facebook, que lo cuelgo todo allí". El asunto es que sino eres usuario registrado, y "amigo" de la persona en cuestión, no puedes ver sus fotos ni su perfil. Eso está genial para mantener la privacidad, pero es una putada sino quiero hacerme de Facebook pero quiero ver las fotos que mis amigos cuelgan allí. Así que no tengo, y me las mandan al email como dios manda y en un formato como dios manda, que Facebook las disminuye porque ocupa mucho espacio en la red con tanta foto, y cuando las bajas a tu ordenador no se ven bien. 

Pasando de Facebook, Goodreads es otra chorrada del estilo pero como va de libros me mola más. Además, me sirve para catalogar los libros que he leido, mantener un poco una lista de los que me voy leyendo ahora, y anotar en un lugar que no voy a perder los libros que quiero leer. Tengo una lista en mi habitación en Vigo, pero como casi nunca estoy allí ni la veo ni la recuerdo, y si apunto las cosas en un papel seguramente lo pierda. Lo que me gusta de la red, es que la información siempre está allí, recuperable, no como un papel o como un disco duro, que se estropean, se pierden o dejan de funcionar. Internet no falla. Es una dimensión estupenda, metida en un sólo punto, donde no hay distancias y sólo lagunas temporales dependiendo de la velocidad de tu conexión. En realidad, Internet es muy Zen.

Seguramente hay una página similar para música que no conozco, aunque bueno, Last.fm es algo similar. Se trata de una especie de radio online en la que también puedes crear tu perfil como usuario e ir recopilando la información de la música ue has escuchado allí. Lo que más me gusta que es la música la eliges tú entre una grandísima variedad de músicas de todo el mundo, tanto por género como por grupo o artista similar. Esta última función es super útil si te gusta un artista pero no sabes muy bien cómo definirlo y te gustaría escuchar más música del estilo: Last.fm te la ofrece al instante. También hay agrupaciones en la web, grupos de fans, puedes reseñar grupos y artistas, dar tu opinión de discos, puedes escuchar la música preferida de los usuarios que elijas, contactar con gente..etc. En fin, lo dicho, que estos lugares son como salones de encuentro social pero sin salir de casa, y temáticos.

 Estos lugares están muy bien para conocer nueva música, nuevos libros, nuevas películas...Pero, para encontrarlos, nada mejor que las tiendas de segunda mano. Por suerte, aquí en Japón tienen de todo, y tiendas de segunda mano no faltan. En Tokyo no es que viera demasiadas, aunque tal vez no sepa buscar en el lugar adecuado, pero en Osaka hay tantas que no sé si tendré tiempo de revisarlas todas a fondo para descubrir los tesoros que guardan. Entre Shinsaibashi y Nipponbashi (léase, DenDen Town), hay para dar y tomar. Y no puedes quedarte sólo con las que están al nivel de la calle: has de buscar también en los carteles que cuelgan de las fachadas de los edificios y señalan el tipo de negocios que hay en cada tipo, porque hay muchas en segundos o terceros pisos, o en bajos. Lo mismo para las tiendas de ropa de segunda mano, pero en ese caso, no busques en DenDenTown (sin embargo, si quieres ordenadores o manga de segunda mano, ese es tu sitio). Siguiendo con lo de los discos, una cadena con diversas tiendas por todo Japón es Book Off, muy recomendable porque lo tiene todo junto (música, películas, anime, manga, libros, juegos,...) y porque es de lo más barata. Y sueles escontrar que venden cosas en packs que salen más baratos, o varias ediciones de lo mismo para elegir. Lo último que me he pillado ha sido The Misseducation de Lauryn Hill, un Unplugged de Lauryn Hill también, dos discos, y una curiosidad, supuestamente la banda sonora de la película Metropólis con canciones por Fredy Mercury o Bonnie Tyler, por ejemplo. Cada uno, 250 yenes. Es decir, poco más de 250 PESETAS. ¿No es maravilloso?

 Para dejaros con un buen sabor de boca, os diré que estoy abierta a peticiones (eso si, todo va a llegaros por correo y todos lo gastos son por vuestra cuenta) y que he puesto unas fotos en el álbum de Kansai Gaidai para que veais alguna de esas tiendas por dentro.

Besos

Leyre 

11.01.2008

Al fin se puede decir que estoy de vacaciones

Si si, que llevo con el cuento del Winter Break siglos, ¿cuánto tiempo he tenido para descansar cómodamente? Pues mucho menos del que me habría gustado, la verdad. Hoy he tenido el primer día absolutamente tranquilo y relajante después de dos semanas de intenso turismo. De hecho, me he pasado el día leyendo en la bilbioteca, tratando de solucionar un pequeño problema con mi teléfono móvil que espero que se haya solucionado (aunque en japonés, nunca se sabe), y viendo un concierto de Luna Sea, un oldie japonés que se volvieron a reunir el año pasado para dar un último concierto, y que la familia de Nagano a la que Caro hizo una visita hace unos días le grabó en video pues sabían que le gustaba el rock japonés. Y después, más lectura, y ahora, algo de escritura para contrarrestar.

Este invierno he estado leyendo por adelantado los libros que me pedirían en la asignatura de "The Intersection of Fantasy and Real Life in Modern Japanese Literature", que tiene pinta de fascinante pero para ahorrarme agobios sólo voy a auditar. Ya me he leído dos, The Wind-Up Bird Chronicle de Haruki Murakami, y Outlet, de Randy Taguchi. Ahora estoy a medias con Goodbye Tsugumi de Banana Yoshimoto, pero de paso que fui a la biblioteca a devolver los dos anteriores, no pude resistirme a pillarme otros nuevos para leer. Y esta vez, no tienen que ver con la asignatura de literatura. Bueno, uno de ellos, más o menos sí. Se trata de un libro con un título demasiado fascinante para dejarlo en la estantería cogiendo polvo: The Fantastic in Modern Japanese Literature, de Susan J. Napier. Por supuesto, con semejante título alguna luz tiene que arrojar sobre los temas, motivos y símbolos de la literatura moderna japonesa que voy a tratar en la asignatura mencionada anteriormente, pero aunque lo existiera dicha asignatura, como lo que me gusta a mí el modernismo, postmodernismo y la fantasía, ya tenía todos los puntos para que lo cogiera. ¿Por qué no lo había pillado antes? Pues porque estaba cogido por otra persona, que sino...

La introducción al libro me ha reconciliado con la vida un poquito xd. ¡Otra vez literatura! ¡Dios, cómo la echaba de menos! Estudiar literatura, recordar la teoría de los modos de Frye, lo que estudié sobre fantasía gótica y sobre literatura popular, un poco de teoría literaria nunca viene mal. El primer capítulo (o segundo, dependiendo si la introducción cuenta como capítulo o no) ya es más específico y trata sobre la imagen de la mujer en la literatura japonesa antes de la guerra, mientras que el siguiente hará lo propio con la época de posguerra, luego hablará del Otro, del Alien o Extraño que no es sino un doppelgänger (un desdoblamiento) de nosotros mismos que personifica lo que se esconde o se reprime dentro de cada uno, o de la sociedad; después, de las utopías y finalmente, de las distopías, para concluir con una recapitulación que responda a la pregunta de ¿qué es la "fantasía" japonesa? Realmente fascinante. No sólo comenta literatura, sino varias manifestaciones de la cultura popular, que al fin y al cabo es la que se dedica a lo fantástico (nunca bien visto en la literatura académica, más oficial y supuestamente, más seria), como el manga y el cine. El manga, y el anime por extensión, es una gran manifestación no sólo de la cultura japonesa, sino que además es un fenómeno social. Se produce más manga que libros al año en Japón, y es muy común ver a todo tipo de gente leyendo manga en los trenes y en las cafeterías japonesas. Cualquier edad y condición social. En algunos restaurantes, y estoy hablando de restaurantes, no de cafeterías, tiene revistas para ojear para que la gente que come sola no se aburra (también hay en España restaurantes así), y entre las revistas, no es raro encontrar manga. Vamos, que el manga y el anime son parte del día a día de cualquier japonés, pues ves imágenes estilo manga en anuncios de la tele, en carteles en la calle, folletos, señales,...

¡Japón, literatura, fantasía y manga todo en uno! ^^

Los otros dos libros que cogí son en realidad, uno solo. Se trata de una famosísima antología de poesía antigua japonesa que al parecer, todos los japoneses han de aprenderse de memoria en la escuela. Me parece genial que les enseñen poesía y no olviden su tradición literaria. Apenas puedo recordar ninguna linea de poesía española, sin embargo, de la poesía que he leido por mi cuenta o de la que he estudiado en Filología Inglesa, ya puedo recitar alguna estrofilla, aunque no mucho más. Esta antología recoge 100 poesías al estilo tradicional, waka, también llamado tanka, y se llama Cien Poemas de cien poetas, traducido al español. Las poesías tienen todas 31 sílabas, y se dividen en dos partes -no se le puede llamar estrofas ya que no están dividas visualmente-, una con una estructura de 5-7-5 y otra de 7-7 sílabas. Cómo veis, no son demasiado largas. Por ejemplo, la primera dice así:

Aki no ta no

kariho no iho no

toma o arami

waga koromode wa

tsuyu ni nuretsutsu

que viene a ser algo así como, en mi propia traducción hiperlibre de la original y con ayuda de una versión en inglés:

Los campos en otoño,

en una pequeña cabaña

de techo de paja,

 las mangas de nuestra ropa

empapadas con el rocío que gotea. 

 Tras este penoso intento de traducir poesía, decir que el original se atribuye al Emperador Tenchi, el 38º emperador. El caso es que encontré dos traducciones de esta antología japonesa al inglés; una en verso libre, así como he hecho yo con la española, y otra en "heroic couplets", un tipo de verso inglés que conlleva una dificultad enorme, pues además de rimar al final, como el pareado español, el verso ha de dividirse en dos hemistiquios, dos partes más o menos simétricas (la traducción no cumple ese requisito con la suficiente exactitud, de todas maneras), y que además en los buenos heroic couplets, no sólo se oponen entre sí con una imagen antitética que sorprende al lector y deja al descubierto más de lo que hay en principio escrito gracias al contraste, ¡sino que a veces hasta llevan rima interna! O sino una ligera aliteración. Bueno, si probáis a leer a Alexander Pope en el original, veréis lo sorprendente que es un buen heroic couplet y lo complicado que puede ser crearlo.

La idea, al cogerme dos traducciones diferentes del mismo texto, era compararlas, y ver qué hay de verdad en la japonesa, quitando lo superficial, los cambios y añadidos que hayan podido hacer los traductores, ya que no soy capaz de entender las versiones originales por completo, con o sin kanji. Menos mal que una de ellas viene con la versión japonesa anotada también.

Una de las cosas interesantes acerca de esta antología, es que hay un juego de cartas que al parecer el típico de año nuevo, en el que se juega con una baraja en la que están escritas estos poemas. Hay una baraja que los tiene escritos completos, con kanji y con el autor, y luego barajas para cada jugador en la que solo están escritas las últimas 14 sílabas, en kana, no en kanji, y sin el autor. El que tiene la baraja, por así decirlo completa, tiene que leer las primeras sílabas del poema, y el jugador que antes lo reconozca y lo encuentre en su baraja, gana el turno. Al final, el que tenga más poesías reconocidas, gana. Una pasada de juego, ¿eh? Cuando lo leí, me acordé de que en Nikko, en el museo que visité, había varias de estas barajas con poemas, incluso una con el Genji monogatari escrito en ellas. Lo que entendí de los carteles decía qué obra literaria tenían escrita y que se usaban para aprender dichos textos en la escuela, pero no entendí nada referente a los juegos. Sin embargo, estoy segura de que también se debían usar para eso y la información debía estar por allí escondida en el japonés de la explicación. ¡Ais, si supiera más japonés! 

Bueno, tras este largo mail acerca de literatura, me despido hasta que se me vuelva a ocurrir algo interesante que contar.

Ah, hoy ha llovido. Qué mala suerte. El último paraguas se me rompió hace una semana.

Besos! 

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