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27.04.2008
Yendo a Uji en bici.
Ayer sábado hice por fin otra de las cosas que estaba deseando hacer mientras aún estoy en Japón. esto de que me quede apenas un mes en el país me empieza a preocupar. A ver qué hago yo ahora en España sin irme a algún lado cada fin de semana, teniendo que estar encerrada en una misma ciudad tanto tiempo, sin cielos tan abiertos y posibilidades como esta que voy a contaros ahora, la de ir hasa Uji en bici.
Ya he ido anteriormente a Uji, para ver el Byodo-in, el templo que aparece en una de las caras de la moneda de 10 yenes. Está a medio camino entre Kyoto y Hirakata, teniendo que desviarse un poco hacia el sur-este, tirando a Nara. Pero una cosa es ir en tren y otra muy distinta, en bici.
Salí con David a las 9 de la mañana de la residencia, y cómo él ya sabía el camino hasta Yawatashi, a tres estaciones de la Keihan line desde Makino, esa parte fue bastante fácil pues no teníamos que buscar por dónde tirar. Pasamos entre campos de arroz y pequeñas casas organizadas en pasillos, con puestos de frutas y verduras, pequeñas tiendecillas cerradas temprano por la mañana, y lavanderías. Ver la línea del tren desde la carretera, en lugar de las carreteras desde la línea del tren, las caras de la gente dentro del tren en lugar de la gente trabajando en los campos desde la ventana, es un cambio impactante. Tras Yawatashi, para encontrar el camino nos guiamos por el río Yodogawa, que va hasta Kyoto, el Uji-gawa, que como el nombre indica va hasta Uji, y las líneas del tren.
Para no tener demasiada idea de hacia dónde ir, sólo sabiendo que Uji está al sureste de Kyoto, y sin mapa, nos arreglamos bastante bien. Parte de la aventura era encontrar caminos equivocados y tener que dar la vuelta. Al final dimos con Kangetsukyo, la primera estación en la línea de tren que va hasta Uji, y allí paramos a comer. Kangetsukyo es un nombre que me encanta, porque está formado con los kanji de "mirar", "luna" y "puente", y claro, puede intepretarse algo así como "el puente desde el que se puede observar la luna". Lo cierto es que el pueblo está atravesado por el Uji-gawa, que seguimos río arriba hasta Uji. Pasamos por Obaku, donde fui a celebrar el Año Nuevo en su templo Zen, y por una curiosa cafetería para amantes de los perros.
A Uji llegamos a eso de las cuatro. Cuando por fin me di cuenta de que había recorrido los aproximadamente 20 kilómetros hasta Uji con éxito, no cabía en mí de alegría. Estaba cansada, por supuesto, pero no tanto como había pensado que estaría. Dimos una vuelta por Uji buscando Shin-cha, la primera cosecha de hojas de té de la temporada, pero al parecer no se pone a la venta hasta el 12 de mayo, así que habré de volver a comprar té verde y a comer soba de té verde, que sólo la he tomado un par de veces y es una de las cosas que sólo se pueden hacer en Japón. Pero la siguiente vez, vuelvo en tren.
Encontramos una monísima cafetería anunciada con una ballena rosa, la única que tenía el café a un precio no desorbitado, y aún encima si pillabas un pastel de té verde te salía todo por 600 yenes. La cafetería, llamada Sakura, debía ser el reino y paraíso de la esposa del matrimonio dueño, pues todo era rosita y blanco, con flores (incluso del papel del baño tenía dibujos de flores de cerezo!), música ambiental y muchas cosas monísimas a la venta. Al parecer el cuento de la ballena rosa viene de una leyenda escandinava según la cual, si ves a una ballena rosa, quiere decir que la felicidad y la buena suerte van a llegar a tu vida, por loque pude leer en un cartelito que tenía colgado en la pared. Además, vendía colgantes rosas con ballenas, monederitos, incienso, toallitas con dibujos de un gato precioso, y un perro de juguete que estaba durmiendo y parecía que respiraba de verdad. No sé si estais notando el ambiente femenino que dominaba el lugar. Me pregunto cómo el marido podía ser tan encantador para dejarle a su mujer tener todo así y trabajar allí dentro. Yo estuve tres cuartos de hora dentro y creí que me iba a desmayar con tanto rosa.
Chorradas aparte, el café estaba bueno (cosa rara en Japón), y me vino de maravilla para continuar el viaje, esta vez de vuelta.
Decidimos cambiar un poco la ruta e ir por la otra orilla del Uji, para variar. Acabamos pedaleando a orillas dle río, en lugar de en una carretera que lo siguiera pero a un nivel más alto, hasta que nos encontramos con que no teníamos forma de seguir adelante sin meternos en el agua y tuvimos que subir la bici por unas escaleras y pasar un pequeño muro que nos separaba de las casas que miraban al río. De nuevo sobre el asfalto, pasamos Kangetsukyo y seguimos adelante buscando el sendero al borde del Yodogawa por el que fuimos a Uji, para evitar perdernos cuando el sol empezaba ya a ponerse. Resulta que el sendero en cuestión va desde Yawatashi hasta Arashiyama, al noroeste de Kyoto. Cenamos en Chushojima, cerca de Kangetsukyo, yal final llegamos a Makino, ya de noche, a eso de las nueve.
Al día siguiente no quise montar en bici (ais, lo que hubiera dado por uno de esos pantalones acolchaditos que usan los profesionales de la bici! Lo peor del tour de Francia no son las subidas a la montaña, sino el dolor de culo que se queda tras tantas horas en la bici!), pero por lo demás, ni siquiera tuve agujetas. Todavía no me creo que completase la "etapa", sin mayores consecuencias que una noche de profundo sueño.
Como al final en la Golden Week no podré ir a Kyushu como hubiera querido porque todos los asientos para el ferry están ya vendidos, tal vez me vaya a hacer otra aventura en bici hacia el sur, ahora hacia Nara. ¿O finalmente intentaré llegar a Kyoto? Mmm....
02:50 Publié dans Kansai Gaidai | Lien permanent | Commentaires (2) | Envoyer cette note | Tags : japón, bici, uji, viajes







Commentaires
Que pena uqe no haya ninguna foto del camino hacia Uji, podria haberse sacado alguna interesante...
Ecrit par : Gakamura | 27.04.2008
Este post esta aun sin acabar. Y segundo, si que hay fotos. Si ya están subidas y todo!
Ecrit par : Manako | 28.04.2008
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