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27.04.2008

Himeji y Kisaichi

El sábado pasado por fin fui a ver el más famoso castillo de Japón. Himeji, a una hora en tren de Osaka, es el castillo japonés más grande que queda intacto. Mientras que otros, como el de Edo, fueron totalmente destruidos, o como el de Osaka, reconstruidos en cemento, el de Himeji nunca fue destruido, sino desmontado a eso de los años 50 porque uno de los pilares centrales de madera que sostiene sus cinco pisos empezaba a pudrirse por dentro. Así que tras años y años buscando un tronco de árbol lo suficientemente grande para sustituirlo (cosa que no lograron, por lo que tuvieron que fusionar dos troncos de árboles para conseguir la altura necesaria), desmontaron el castillo y lo volvieron a construir con los mismos materiales que el original. Y además, fue la primera construcción que vimos en la clase de Arquitectura el cuatrimestre pasado.

El castillo es tan grande que se ve desde el tren mientras estás acercándote a Himeji. Aunque el de Osaka es bastante impresionante al verlo desde lejos, desde la estación de JR, en los jardines que lo rodean, Himeji no se queda atrás. En cierto modo, al saber que es original, y con las dos pequeñas torres que lo flanquean, es mucho más impresionante que el de Osaka. Pero lo mejor es el diseño interior de los jardine sy diferentes niveles que llevan hasta el castillo. El castillo en cuestión no es sino una fortaleza para momentos de guerra, donde se almacenaban armas y soldados: no se vivía allí. Sería, en cambio, el último refugio en caso de sitio. Porque es prácticamente imposible de asaltar, en serio. Ya la primera puerta es una locura: desde el camino de entrada tienes que girar 270º hacia la izquierda, ir cuesta arriba, y luego volver a girar a la izquierda para estar frente a la puerta. Y esta primera puerta aún es grande, pero cada puerta es más pequeña y estrecha que la anterior, y todas están colocadas en ángulos difíciles. Los muros de cada nivel son también tan altos que no puedes ver el camino hacia el castillo, por mucho que no puedas dejar de ver el castillo todo el rato. Un auténtico laberinto. Y pesar de ello, es también un lugar muy hermoso, no sólo diseñado para la defensa, sino también con sentido estético. Himeji es uno de los lugares más famosos de Japón donde ir a disfrutar del Hanami, puesto que está lleno de cerezos, y pequeños lagos que se cubren de pétalos rosas cuando éstos empiezan a caer. Una pena que cuando fui, ya fuera al final de la estación de los cerezos. De todas formas, aún había algunos japoneses comiendo bajo los sakura, a pesar de que ya no tuvieran flor.

Por supesto, en Himeji había helado de sakura (cómo no, siendo tan famoso cómo es por los cerezos), y al fin pude probarlo. Desgraciadamente, es un sabor difícil de describir, como todos los sabores: suave y dulzón, y aunque no estaba mal, puestos a poner sabores japoneses prefiero el té verde.

El martes pasado también aproveché para viajar un poquito después de clase, pero a un lugar mucho más cercano, a Kisaichi. Este pueblecito al final de una línea que empieza en Hirakata, tiene varios parques puesto que está en la falda de unas montañas. Es un pequeño pueblo con muchos campos y casas particulares, que me recordó bastante a Galicia. Creo que hay varios senderos atravesando los montes, pero no seguí más que uno, ya que por al haber ido solo por la tarde no tenía tiempo suficiente. Sin embargo, el que seguí llevaba hasta un lago que, aunque no llegué hasta allí, bajaba desde él un pequeño río con pequeñas cascadas. Me recordó a un Nikko en miniatura. Y además, mucho más cercano. Un lugar muy tranquilo al que ir a olvidarse de la gran ciudad que Japón parece a veces.

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