10.05.2008
Tantei
El otro día andaba yo navegando por internet cuando me paré en este interesante blog que mencionaba la existencia de un bar llamado "Tantei", es decir, "Detective" en japonés. Por la descripción del bar (decorado como en las películas y novelas de las que el dueño es un gran admirador, con su sala secreta y tal), no podía resistirme a la tentación de ir. Así como ayer viernes no tuve la clase de ética con Hanagan, ya que al parecer tenía cosas que hacer en Tokyo, una conferencia o algo semejante quizá, se presentó como el día perfecto para comer zarusoba en la cafetería de la facultad (ahora que ya hace tiempo de verano la han vuelto a poner), e ir a Kyoto. Tantei no fue difícil de encontrar, pero por el camino nos encontramos otras cosas dignas de mencionar: la primera sala de juegos y arcades que veo en Japón no insertada en un centro comercial, y sobre todo, la primera con DDR!! Parece que ya no está de moda. Había un japonés bailando, y no lo hacía nada nada mal. Luego David y yo entramos en un supermercado a ojear, ya que llegamos demasiado pronto y el bar aún estaba cerrado. En el super había unos cuarenta pequeños parquetes de kitkat sabor sakura, una tabletita con cuatro onzas cada uno. La cuestión es que están ya fuera de temporada, no se ven en las tiendas y es la primera vez desde que se acabó la estación de los cerezos que los vemos a la venta. La oportunidad era única, así que David cogió una caja de diez paquetes, aún cerrada, y la llevó al cajero. Pero para nuestra sorpresa, cuando la chica pasó los kitkat por caja, el precio que marcaba era, nada más ni nada menos, 118 yenes!! Eso es lo que debía de valer uno de los paquetitos que iban dentro, pero parece que el codigo de barras de la caja es el mismo que el de cada paquete, porque sino no tiene explicación. Nosotros le volvimos a preguntar: "¿cuánto es?", y ella volvió a pasar los kitkat por la caja, pero como el precio que marcaba era el mismo, no había discusión. Así que nos llevamos 10 paquetes de kitkat tiraos de precio.
Al salir del super ya estaba por fin Tantei abierto. Éramos los primeros clientes. Nos sirvieron un plato con frutos secos, un poco de queso ahumado y pasas, y pedimos un "Tantei cóctail", cuya receta, según el menú es "secreta". Estuvimos hablando un rato con el barman, que resultó ser un estudiante extranjero como nostros, de Taiwan. Al haber pedido el Tantei cóctail, tuvimos derecho a conocer el secreto de la sala escondida que hay en el bar. En la parte de atrás, hay unos pósters, discos, un equipo de música y una estatenría llena de libros. Teníamos que adivinar cómo abrir la "puerta" de la sala secreta: aunque no lo logramos, en realidad era muy fácil, pero no lo diré aquí no vaya a ser que algún día os paseis por este bar en Kyoto. La sala secreta es una sala de proyecciones, con varias sillas y una pantalla. No es demasiado grande, no creo que haya sillas para más de diez personas, pero tiene además una tubería que conecta con la barra, para comunicar pedidos desde dentro de la sala, me imagino, y en ella hay también uno de estos antiquísimos teléfonos con ruedita en lugar de teclas.
Lo cierto es que los bares en Japón están siempre muy bien decorados y ambientados. Aunque el café sea malo normalmente, siempre quiero entrar a probar, pues si las bebidas y la comida fuera tan buena como la decoración, deberían ser geniales. Normalmente no es así, pero de todas maneras me gustan. Y en algunos sitios, el café se salva y todo^^
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06.05.2008
Golden Week
Al final esta Golden Week he estado trabajando más que cuando tengo clases. Tras la decepción de no poder ir a Kyushu, y como pillé un pequeño resfriado-alergia por culpa del cambio del tiempo (hace un calor de verano verano), decidí darme una Golden Week tranquilucha y pacífica. Además, la semana de los exámenes finales se acerca y cada vez tengo más trabajo pendiente. Aún así, lo único que he estado haciendo hasta ahora es mi trabajo para Literatura, que tras cambiar cuarenta y dos veces de tema, al final voy a hablar de la estructura de búsqueda y de la bajada al Otromundo de Toru en The Wind-up Bird Chronicle de Murakami Haruki, cuando en realidad yo de lo que quería hablar era de la imagen de Tokyo en los libros que he leído hasta ahora. Sin embargo, al profesor le parece que es un tema muy interesante y muy complejo y que seguramente no tenga tiempo para analizar en la profundidad necesaria, así que me recomendó unos libros para leer acerca de Tokyo y me dijo amablemente que hiciera el trabajo de otra cosa.
Aunque algunos de vosotros lectores (en su mayoría desconocidos para mí, ya que aquí nadie comenta ¬¬) ya habeis oído esto que voy a comentar a continuación, para otros son novedades. Resulta que a principios de abril fui a hablar con mi profe de Literatura, Berry, sobre mi completa falta de ideas acerca de qué escribir mi trabajo final para si asignatura cuando, tras unas recomendaciones e ideas, me comentó que mi primer trabajo le había encantado y que quería felicitarme personalmente. Luego me preguntó que qué tenía pensado hacer cuando volviese a España, que si me había planteado ir continuar estudiando después de licenciarme. Dije que sí, pero que para eso aún me quedaba tiempo porque aún tenía mucho que estudiar cuando volviese a Salamanca, y que estaba interesada en estudiar un máster en Estados Unidos. Entonces, muy majo, me dijo que estaba seguro de que me iría estupendamente en una escuela de posgrado, que debería seguir estudiando y que estaría encantado de escribirme cartas de recomendación y ayudarme en los procesos de solicitud de becas y de aceptación en universidades estadounidenses, ya que él, como estadounidense, estaba seguro de poder ayudarme a conseguir plaza en cualquier sitio. ¡Una pasada, un profesor que apenas conozco ofreciéndose a ayudarme a estudiar en USA y a escribirme cartas de recomendación! Sin importar que aún me queden uno o dos años más en España, simplemente tengo que mandarle un mail con un título bien claro para que no se lo salte y se lee lo que le mande. No sólo eso, sino que además está dispuesto a leerse mis ensayos antes de enviarlos como muestra de mi trabajo -pues es algo que piden mucho antes de aceptar a nadie- y también mi carta de presentación y de objetivos educativos que hay que enviar para la gran mayoría de las universidades. También para la Fullbright, una famosa beca para ir a estudiar a Estados Unidos (o a dar clase), en la que hay que escribir varios ensayos y cartas para que te acepten. De hecho, resulta que formó parte durante unos años del comité que acepta solicitudes de la Fullbright, asi que sabe perfectamente cómo hay que escribir y hacer esas cosas. Y la cosa no acaba aquí. En una segunda visita a su tutoría para comentar mi segundo trabajo y seguir hablando del final, me preguntó que si tenía pensado volver a Japón, que debería. Que había unas becas fantásticas, las Monbukagakusho, que él ya había ayudado a conseguir a algunos alumnos y que le gustaría ayudarme a conseguir una para volver a Japón a estudiar. ¡Increíble, yo no tuve que pedir nada! Es la primera vez que un profesor se ofrece tan amablemente a ayudarme a seguir estudiando. Ya emepezó a darme algún consejo, como que no mirase lo de las becas lo último, que empezase a pensar en qué podía escribir en mi carta de presentación y qué podría poner cómo mis objetivos educativos, qué debería empezar a mirarme la forma de publicar cosas y escribir muchos artículos para tener muchos más puntos a la hora de presentar mi solicitud a una universidad estaodunidense, etc. Ya había estado pensando en eso, pero de todas maneras, si antes quería a toda costa estudiar en USA, ahora parece que lo voy a tener mucho más fácil para conseguirlo.
Pero ahora hablemos de la Golden Week. Esta semana ha habido una feria del libro (y otras cosas) antiguo en Kyoto, durante cinco días. Fui dos, el día de apertura, el jueves después de clase, y el domingo. Además de libros antiguos y no tan antiguos, pero de segunda mano, tenían revistas, manga, postales, sellos, mapas, posters de películas, papel japonés, dibujos,...Lo cierto es que la sala no era enorme, pero pequeña tampoco, y no creo que la viera entera, simplemente, no daba tiempo. Compré varias postales, un libro sobre jardines en Kyoto y otro con fotos antiguas de Kyoto, uno sobre la historia de Tokyo y una cortita novela detectivesca de Edogawa Ranpo. Ninguno de ellos fue caro, para lo que es, pero como hasta mañana no me vuelven a ingresar la JASSO no tengo tanto dinero como me gustaría para poder aprovechar la oportunidad única de la feria. De todas maneras, algo si que la aproveché. Por no comprar el primer día, me quedé sin un set de postales con imágenes de la vida diaria en Japón que para el domingo ya habían vendido, y sin un libro sobre leyendas de Kyoto que tenía muy buena pinta, pero que también me fue imposible de encontrar ya el domingo. Había cosas la mar de interesantes, como una enciclopedia de Tolkien en japonés con unos dibujos preciosos, muchos libros de arte y música, incluso unas antologías de literatura inglesa. Al menos pude comprar algo, y todavía puedo volver a Kanda o Waseda en Tokyo a principios de junio. Pero no creo que lo haga, ya tengo demasiadas cosas que enviar de vuelta a España.
¡Qué ya no me queda ni un mes en este país! >.< Que rápido pasa el tiempo. Que envidia me da Ely que aun tiene hasta Agosto en Japón. Al menos, creo que algunos de los amigos que he hecho aquí durarán, y que mis oportunidades de viajar se han multiplicado por la enésima potencia al conocer a tanta gente de lugares tan dispares. Cuando vuelva, en verano, además de una readaptación a mi cultura, tendré que hacer un balance de mi experiencia aquí. Menos mal que he hecho miles de fotos y he seguido escribiendo, un poco, en el blog, para así poder ver cuánto han cambiado mis actitudes y mi entendimiento de las cosas (no sólo de Japón) desde que llegué. Ay, cuando recuerdo lo nerviosa que estaba al venir, lo poco que dormí la noche antes, los primeros meses en Japón, mi casi depresión en el winter break, y ahora mi nostalgia precoz por irme de aquí, si es que me parece que estoy siendo soñada por alguien. Sea quien sea, espero que sigas soñando con muchos viajes.
Bueno, y ahora, a estudiar.
02:43 Publié dans Kansai Gaidai | Lien permanent | Commentaires (6) | Envoyer cette note | Tags : japón, golden week, vacaciones, trabajos, kyoto
02.05.2008
Showa no Hi: Yo fui a Takarazuka
Si, he ido a Takarazuka, pero no a ver a la Takarazuka Revue, la compañia de teatro formada solo por mujeres tan famosa en Japón, sino a hacer senderismo en la montañas al norte de la ciudad. Como el martes fue el cumpleaños del emperador Showa, primer festivo de la Golden Week, allí fui con David, Quill, Lee y Aurora, amigos de mi seminar house.
Salimos a las 8 y media de la residencia para llegar Takedao Station casi dos horas después. La estación era tan tan pequeña que ni siquiera había puertas automáticas para los billetes de JR, sólo para tarjetas Suica (que funcionan como toda tarjeta, hasta que se te acaba el dinero en ellas, pudiendo usarlas en cualquier línea JR), así que nos quedamos con el billete como recuerdo. Nada más salir ya te das de narices con el río Muko-gawa. El sendero, del que me enteré por una revista (si vais a Kansai, pillar el Kansai Time Out o leerlo en alguna cafetería, pues viene con información superinteresante de todo lo que hay en Kansai cada mes), baja siguiendo el río hacia Takarazuka, atravesando una viejísima y ya abandonada línea del tren por las montañas. Aunque hacía mucho calor, dentro de los túneles la temperatura bien bajaba diez o más grados, así que teníamos sombra cada vez que necesitabamos. Y la abundancia de árboles por todas partes, junto a la brisa del río, lo ponía aún mejor. En realidad, el tiempo fue fantástico.
Había bastante gente, todos japoneses eso sí, haciendo el sendero. Creo que nunca he dicho "konnichiwa" más veces en la vida, que mientras paseaba por estas montañas. Las vistas al río eran impresionantes, e incluso había dos valientes haciendo piragüismo en el mismo. A eso de la una decidimos parar para hacer un picnic con la comida que nos habíamos traído, y encontramos un sitio perfecto internándonos en la montaña y bajando hacia el río, para comer fresquitos, a la sombra, y con el sonido del agua rodeándonos.
En realidad, lo más impresionante del sendero, cómo no, está en las fotos. No hay nada que explicar, sino que disfrutar del paisaje. Japón me está sorprendiendo con la inmensa variedad de paisajes que en él se pueden encontrar. Sólo dos estaciones antes de Takedao, en Takarazuka, todo era ciudad, edificios de piedra, calles anchas, todo señales de una ciudad nueva y modernizada, y de pronto atravesamos un túnel y llegamos a pequeñas estaciones rodeadas de montañas y árboles con cuatro casas de un piso o dos en los alrededores. Tan cerca y tan lejos.
01:40 Publié dans Kansai Gaidai | Lien permanent | Commentaires (2) | Envoyer cette note | Tags : japón, viajes, takarazuka, mukogawa, senderismo
27.04.2008
Yendo a Uji en bici.
Ayer sábado hice por fin otra de las cosas que estaba deseando hacer mientras aún estoy en Japón. esto de que me quede apenas un mes en el país me empieza a preocupar. A ver qué hago yo ahora en España sin irme a algún lado cada fin de semana, teniendo que estar encerrada en una misma ciudad tanto tiempo, sin cielos tan abiertos y posibilidades como esta que voy a contaros ahora, la de ir hasa Uji en bici.
Ya he ido anteriormente a Uji, para ver el Byodo-in, el templo que aparece en una de las caras de la moneda de 10 yenes. Está a medio camino entre Kyoto y Hirakata, teniendo que desviarse un poco hacia el sur-este, tirando a Nara. Pero una cosa es ir en tren y otra muy distinta, en bici.
Salí con David a las 9 de la mañana de la residencia, y cómo él ya sabía el camino hasta Yawatashi, a tres estaciones de la Keihan line desde Makino, esa parte fue bastante fácil pues no teníamos que buscar por dónde tirar. Pasamos entre campos de arroz y pequeñas casas organizadas en pasillos, con puestos de frutas y verduras, pequeñas tiendecillas cerradas temprano por la mañana, y lavanderías. Ver la línea del tren desde la carretera, en lugar de las carreteras desde la línea del tren, las caras de la gente dentro del tren en lugar de la gente trabajando en los campos desde la ventana, es un cambio impactante. Tras Yawatashi, para encontrar el camino nos guiamos por el río Yodogawa, que va hasta Kyoto, el Uji-gawa, que como el nombre indica va hasta Uji, y las líneas del tren.
Para no tener demasiada idea de hacia dónde ir, sólo sabiendo que Uji está al sureste de Kyoto, y sin mapa, nos arreglamos bastante bien. Parte de la aventura era encontrar caminos equivocados y tener que dar la vuelta. Al final dimos con Kangetsukyo, la primera estación en la línea de tren que va hasta Uji, y allí paramos a comer. Kangetsukyo es un nombre que me encanta, porque está formado con los kanji de "mirar", "luna" y "puente", y claro, puede intepretarse algo así como "el puente desde el que se puede observar la luna". Lo cierto es que el pueblo está atravesado por el Uji-gawa, que seguimos río arriba hasta Uji. Pasamos por Obaku, donde fui a celebrar el Año Nuevo en su templo Zen, y por una curiosa cafetería para amantes de los perros.
A Uji llegamos a eso de las cuatro. Cuando por fin me di cuenta de que había recorrido los aproximadamente 20 kilómetros hasta Uji con éxito, no cabía en mí de alegría. Estaba cansada, por supuesto, pero no tanto como había pensado que estaría. Dimos una vuelta por Uji buscando Shin-cha, la primera cosecha de hojas de té de la temporada, pero al parecer no se pone a la venta hasta el 12 de mayo, así que habré de volver a comprar té verde y a comer soba de té verde, que sólo la he tomado un par de veces y es una de las cosas que sólo se pueden hacer en Japón. Pero la siguiente vez, vuelvo en tren.
Encontramos una monísima cafetería anunciada con una ballena rosa, la única que tenía el café a un precio no desorbitado, y aún encima si pillabas un pastel de té verde te salía todo por 600 yenes. La cafetería, llamada Sakura, debía ser el reino y paraíso de la esposa del matrimonio dueño, pues todo era rosita y blanco, con flores (incluso del papel del baño tenía dibujos de flores de cerezo!), música ambiental y muchas cosas monísimas a la venta. Al parecer el cuento de la ballena rosa viene de una leyenda escandinava según la cual, si ves a una ballena rosa, quiere decir que la felicidad y la buena suerte van a llegar a tu vida, por loque pude leer en un cartelito que tenía colgado en la pared. Además, vendía colgantes rosas con ballenas, monederitos, incienso, toallitas con dibujos de un gato precioso, y un perro de juguete que estaba durmiendo y parecía que respiraba de verdad. No sé si estais notando el ambiente femenino que dominaba el lugar. Me pregunto cómo el marido podía ser tan encantador para dejarle a su mujer tener todo así y trabajar allí dentro. Yo estuve tres cuartos de hora dentro y creí que me iba a desmayar con tanto rosa.
Chorradas aparte, el café estaba bueno (cosa rara en Japón), y me vino de maravilla para continuar el viaje, esta vez de vuelta.
Decidimos cambiar un poco la ruta e ir por la otra orilla del Uji, para variar. Acabamos pedaleando a orillas dle río, en lugar de en una carretera que lo siguiera pero a un nivel más alto, hasta que nos encontramos con que no teníamos forma de seguir adelante sin meternos en el agua y tuvimos que subir la bici por unas escaleras y pasar un pequeño muro que nos separaba de las casas que miraban al río. De nuevo sobre el asfalto, pasamos Kangetsukyo y seguimos adelante buscando el sendero al borde del Yodogawa por el que fuimos a Uji, para evitar perdernos cuando el sol empezaba ya a ponerse. Resulta que el sendero en cuestión va desde Yawatashi hasta Arashiyama, al noroeste de Kyoto. Cenamos en Chushojima, cerca de Kangetsukyo, yal final llegamos a Makino, ya de noche, a eso de las nueve.
Al día siguiente no quise montar en bici (ais, lo que hubiera dado por uno de esos pantalones acolchaditos que usan los profesionales de la bici! Lo peor del tour de Francia no son las subidas a la montaña, sino el dolor de culo que se queda tras tantas horas en la bici!), pero por lo demás, ni siquiera tuve agujetas. Todavía no me creo que completase la "etapa", sin mayores consecuencias que una noche de profundo sueño.
Como al final en la Golden Week no podré ir a Kyushu como hubiera querido porque todos los asientos para el ferry están ya vendidos, tal vez me vaya a hacer otra aventura en bici hacia el sur, ahora hacia Nara. ¿O finalmente intentaré llegar a Kyoto? Mmm....
02:50 Publié dans Kansai Gaidai | Lien permanent | Commentaires (2) | Envoyer cette note | Tags : japón, bici, uji, viajes
Himeji y Kisaichi
El sábado pasado por fin fui a ver el más famoso castillo de Japón. Himeji, a una hora en tren de Osaka, es el castillo japonés más grande que queda intacto. Mientras que otros, como el de Edo, fueron totalmente destruidos, o como el de Osaka, reconstruidos en cemento, el de Himeji nunca fue destruido, sino desmontado a eso de los años 50 porque uno de los pilares centrales de madera que sostiene sus cinco pisos empezaba a pudrirse por dentro. Así que tras años y años buscando un tronco de árbol lo suficientemente grande para sustituirlo (cosa que no lograron, por lo que tuvieron que fusionar dos troncos de árboles para conseguir la altura necesaria), desmontaron el castillo y lo volvieron a construir con los mismos materiales que el original. Y además, fue la primera construcción que vimos en la clase de Arquitectura el cuatrimestre pasado.
El castillo es tan grande que se ve desde el tren mientras estás acercándote a Himeji. Aunque el de Osaka es bastante impresionante al verlo desde lejos, desde la estación de JR, en los jardines que lo rodean, Himeji no se queda atrás. En cierto modo, al saber que es original, y con las dos pequeñas torres que lo flanquean, es mucho más impresionante que el de Osaka. Pero lo mejor es el diseño interior de los jardine sy diferentes niveles que llevan hasta el castillo. El castillo en cuestión no es sino una fortaleza para momentos de guerra, donde se almacenaban armas y soldados: no se vivía allí. Sería, en cambio, el último refugio en caso de sitio. Porque es prácticamente imposible de asaltar, en serio. Ya la primera puerta es una locura: desde el camino de entrada tienes que girar 270º hacia la izquierda, ir cuesta arriba, y luego volver a girar a la izquierda para estar frente a la puerta. Y esta primera puerta aún es grande, pero cada puerta es más pequeña y estrecha que la anterior, y todas están colocadas en ángulos difíciles. Los muros de cada nivel son también tan altos que no puedes ver el camino hacia el castillo, por mucho que no puedas dejar de ver el castillo todo el rato. Un auténtico laberinto. Y pesar de ello, es también un lugar muy hermoso, no sólo diseñado para la defensa, sino también con sentido estético. Himeji es uno de los lugares más famosos de Japón donde ir a disfrutar del Hanami, puesto que está lleno de cerezos, y pequeños lagos que se cubren de pétalos rosas cuando éstos empiezan a caer. Una pena que cuando fui, ya fuera al final de la estación de los cerezos. De todas formas, aún había algunos japoneses comiendo bajo los sakura, a pesar de que ya no tuvieran flor.
Por supesto, en Himeji había helado de sakura (cómo no, siendo tan famoso cómo es por los cerezos), y al fin pude probarlo. Desgraciadamente, es un sabor difícil de describir, como todos los sabores: suave y dulzón, y aunque no estaba mal, puestos a poner sabores japoneses prefiero el té verde.
El martes pasado también aproveché para viajar un poquito después de clase, pero a un lugar mucho más cercano, a Kisaichi. Este pueblecito al final de una línea que empieza en Hirakata, tiene varios parques puesto que está en la falda de unas montañas. Es un pequeño pueblo con muchos campos y casas particulares, que me recordó bastante a Galicia. Creo que hay varios senderos atravesando los montes, pero no seguí más que uno, ya que por al haber ido solo por la tarde no tenía tiempo suficiente. Sin embargo, el que seguí llevaba hasta un lago que, aunque no llegué hasta allí, bajaba desde él un pequeño río con pequeñas cascadas. Me recordó a un Nikko en miniatura. Y además, mucho más cercano. Un lugar muy tranquilo al que ir a olvidarse de la gran ciudad que Japón parece a veces.
02:08 Publié dans Kansai Gaidai | Lien permanent | Commentaires (0) | Envoyer cette note | Tags : japón, viajes, himeji, kisaichi, naturaleza







